lunes, 30 de noviembre de 2015

Educando en la competencia o en el reconocimiento del otro…



Hace un tiempo que vi el documental “La educación prohibida”, el cual trata sobre el papel de la institución educativa en un sistema consumista. En una de las escenas, un experto comentaba lo siguiente: “Todos hablan de paz, pero nadie educa para la paz… En el mundo educan para la competencia, y la competencia es el comienzo de cualquier guerra” y es que la competencia como bien lo dice Humberto Maturana es “constitutivamente la negación del otro, porque involucra un fenómeno en el que el éxito de uno se funda en el fracaso del otro” (Maturana, 2002, p. 76). Es decir, para que alguien gane, tiene que haber un perdedor, para que alguien sea el primero, tiene que haber uno que sea el segundo…
Me podrá expresar alguno: bueno, pero en este mundo se necesita la competencia para que se mejoren muchas cosas, para que la gente no se conforme con lo que tiene o con lo que es… o bien, en este mundo se requiere ser competitivo, porque si no, se lo devora la sociedad. Puedo entender esas argumentaciones, pero prefiero hablar de una competencia consigo mismo, en la que cada uno trata de ser lo mejor que puede ser, libremente, sin la presión de los demás… tal como lo explicaba Nick Vujicic en una entrevista “ahora me doy cuenta de que no tengo que ser como cualquier otra persona.  La verdad es que mi valor no se determina sobre cómo me veo, o lo inteligente que soy, o la cantidad de amigos que tengo. Tengo que ser el mejor que puedo ser”… de lo contrario estaremos educando para una sociedad líquida
Y por qué para una sociedad líquida?, porque de acuerdo con los estándares propuestos por esta, la persona termina convirtiéndose en un objeto útil al sistema, en el que se debe asegurar su utilidad por cualquier medio, con la consecuencia de evaluar al otro en cuanto al beneficio recibido por él… este panorama conduce a una sociedad totalmente indiferente a las necesidades del otro.
Tal como se presenta en la imagen, las personas en una sociedad líquida no tienen necesidad de mirar al que tienen al lado -cada uno está inmerso en su mundo, muchas veces irreal-, pues solo se fijarán en los otros para referenciarse, para saber cómo están ellos con respecto a los demás y de esta manera obtener un valor líquido.


La forma como estamos educando a nuestros niños promueve una sociedad líquida?, es algo digno de reflexión…, por eso afirma un sociólogo español, que en la sociedad actual (y podríamos decir sociedad líquida) “se educa para triunfar y triunfo es sinónimo de beneficio más que de servicio” (Pérez Adán, 2005, p.59)... qué opinas?, estás de acuerdo con esa afirmación?, si se educa para triunfar, estaremos educando para una sociedad líquida?, cómo se puede educar en el servicio?

lunes, 16 de noviembre de 2015

A propósito de los sucesos en París...

Arde París.
Tomado de la página de Fray Nelson Medina "amigos en la fe":
El título de la famosa obra de Collins & Lapierre, aunque esta vez sin el interrogante, es el resumen de una serie trágica de atentados que dejan un saldo de decenas de muertos. Escribo esto en medio de la consternación propia del 13 de noviembre de 2015.
El presidente Hollande ha ordenado cierre de fronteras y para todos los efectos el pueblo francés experimenta el dolor y angustia propios de una situación de guerra. Pero en la novela histórica de 1964 el enemigo era claro, visible y externo: los nazis. Ahora, en cambio, una sociedad pulverizada ha descubierto con un golpe de terror que no sabe bien ni quiénes son sus enemigos ni cuáles podrían ser sus amigos de fiar. Resulta que los "valores" no subsisten por sí mismos, ni por la sola inercia cultural, si no están anclados firmemente en algo más profundo y estructurado: un credo común. Duélale a quien le duela, y llámenme fanático religioso si les place, el hecho es que los enemigos, bien infiltrados y presentes en las entrañas mismas de Europa, se reconocen entre sí al grito de "¡Alá es grande!" Frente a ellos, la mayor parte de los actuales europeos no tienen nada que gritar porque la única consigna posible sería "¡Viva Cristo Rey!" y ese es un grito malsonante para el laicismo que campea por la Europa otrora cristiana.
¿Te acuerdas de las marchas de jefes de estado por las calles de París, queriendo traer sensatez frente a los ataques terroristas contra la revista Charlie Hebdo? ¿Y te acuerdas que la gente creía que en una manifestación tan colosal quedaba claro que la sociedad estaba unida contra el mensaje fundamentalista? Lo que demuestran estos nuevos ataques es que el vigor para gritar un robusto "¡NO!" de nada vale si no esta apoyado en el vigor mayor de un poderoso "¡SÍ!" Decirle NO a un atentado nada garantiza sobre la coherencia de una sociedad para construir su futuro. El SÍ brota jubiloso de la fe; mientras que el NO sale, pero ya ronco, del miedo. Una sociedad sin alma, sin fe, sabe gritar el NO pero, cuando los ecos de la marcha se extinguen, nadie sabe qué paso sigue ni cuál es la ruta. Tristemente hay otros que sí creen saberlo: los mismos que nunca han renunciado a conquistar para su credo a saa Europa que en el fondo envidian tanto como rechazan.
(...)
Antes de que sea tarde, ¡de por Dios, escúchenme! O mejor: escuchen esto que tantos llevamos diciendo por tanto tiempo: ESTAMOS EN COMBATE ESPIRITUAL. Preparen a sus hijos para defender su fe y sus convicciones; prepárenlos para no ceder ante la presión de leyes inicuas contra la familia y contra la libertad religiosa; prepárenlos para no dejarse confundir por obispos o cardenales arrodillados ante las propuestas de este mundo; prepárenlos para ser minoría... pero no una minoría acomplejada y asustadiza sino bien consciente de ser fermento y sal de la tierra. Nuestras comunidades de fe muy pronto tendrán que adoptar la lógica y el lenguaje de los cuarteles de guerra: desde la oración, la formación sólida, el cultivo de la virtud firme... y en alguna ocasión, la fuerza misma de las armas, ante todo, en defensa propia. Date una vuelta por París esta noche, y me dices si estoy exagerando.
Fr. Nelson M.
Cuando leí este escrito de Fray Nelson, pensé inmediatamente en qué pasa con los sólidos en una sociedad líquida?... pues parece que han sido expulsados, derretidos, oxidados, desintegrados.
Qué es un sólido entonces? Si un líquido (como hemos visto antes) fluye, es cambiante, no perdura, se amolda al recipiente (ideología actual) que lo contiene; el sólido por el contrario es permanente, no cambia, no se acomoda a las ideologías actuales, sino que tiene una fuerza que propone y guía el comportamiento de las personas en cualquier época o lugar a una mejor convivencia entre todos, es decir, los mayores sólidos son aquellos que promueven el amor.
Que los sólidos reprimen a las personas?, no las dejan ser ellas mismas?... depende de por qué los sigan o los tengan. Si se tiene un sólido impuesto y no se ha decidido asumirlo, con seguridad se sentirá así. Pero si después de conocer el sólido y entenderlo, se decide obtenerlo, el resultado será una paz personal que ninguna circunstancia podrá arrebatar.

domingo, 17 de mayo de 2015

Mi referente, ¿es un sólido o un líquido?


Hace unos días, tuve la desafortunada experiencia de darme cuenta de varios fraudes que cometieron unos alumnos en mi clase. Algunos dirían que son pequeñas transgresiones que no tienen importancia… como poner el nombre del compañero en el trabajo en el que no participó o hacer una evaluación con el nombre de otra persona, porque esta estaba cansada y se fue temprano de la clase. ¿Son cosas sin importancia?, ¿que no valen la pena?, ¿que no tiene sentido cuestionarse sobre eso pues hay cosas mucho más importantes por las que preocuparse?, al fin y al cabo esa evaluación equivalía a un 5% de la nota de la asignatura…

También he tenido la oportunidad de conversar con varios alumnos a los que les doy clase en la universidad sobre su vida, hablamos sobre sus metas, su familia, sus relaciones, sus valores. Hablamos sobre cada una de sus dimensiones personales (física, intelectual, espiritual, social y afectiva). Curiosamente o no tan curiosamente, me he encontrado con que muchos cuando se refieren a su dimensión espiritual, inmediatamente explican que viven su religión a su manera. ¿Cómo así que a su manera?, pues si, toman lo que les conviene de acuerdo al momento que están viviendo…

En la siguiente tira cómica de Mafalda, esta sostiene un diálogo con Manolito bien interesante:



“En un mundo de corte empresarial y práctico como éste –un mundo en el que se busca el beneficio inmediato, la gestión controlada de la crisis y la limitación de daños-, todo aquello que no pueda demostrar su valía instrumental es <<un tanto arriesgado>>” (Bauman, 2006, p. 42). Y es que los valores morales, espirituales, artísticos y humanos, como añora Mafalda, aquellos que contribuyen a la mejora del desarrollo personal y por ende a su felicidad, no suman a las cifras de competitividad y “éxito” profesional y laboral del individuo líquido.

De ahí que en una sociedad líquida, los valores y todo aquello que pretenda tener cualidad de referente, sea acomodado caprichosamente por cada individuo, según lo que más le convenga para su propósito líquido (ganar más dinero, tener más status, “ser alguien”, etc.). Las consecuencias de adoptar los valores líquidos, por tanto, no podrán verse obstaculizados por especulaciones morales provenientes del contacto con los demás individuos.

Los referentes líquidos no dejan de ser eso, líquidos. El individuo líquido, como todos los demás seres humanos, requiere referentes para no vivir en la angustia ni incertidumbre completas.

Pero ¿qué pasa con esos referentes?... me gusta hacer la siguiente analogía: el individuo líquido necesita referentes y para eso, coge el líquido y lo solidifica a su manera, tal como haría con un hielo proveniente de congelar el líquido en un molde determinado, cada uno de acuerdo al gusto y necesidad de cada cual. De esta manera, el individuo líquido tendrá su referente “sólido”.

No obstante, al contacto con la sociedad líquida, aquel “sólido” (hielo), se derretirá, con la consecuencia de tener que buscar un nuevo referente que tome el lugar del anterior hielo, esta vez, solidificado probablemente con otro molde…  ¿el resultado? una insaciable necesidad de construirse a sí mismo sin un fin determinado.

¿Cómo es tu referente?, ¿es un verdadero sólido o es un líquido solidificado?, ¿entonces cuáles son los sólidos?… esto es un tema que amerita una reflexión que espero abordar en otra ocasión.

lunes, 16 de marzo de 2015

Los desafíos de la familia


¿qué tiene que ver la familia con la propuesta de la sociedad líquida?, ¿la rechaza o la promueve?, ¿cuál es su función en una sociedad líquida?

Si se entiende que en la sociedad líquida se promueve el individualismo, el consumismo, el miedo, la crisis de identidad… ¿cómo está la familia protagonizando un cambio con respecto a esto?

Muchas familias pueden estar promoviendo una cultura líquida sin darse cuenta, pues esta cultura se ha incrustado en la sociedad de una manera muy sutil, tanto que a veces los mismos padres podemos estar dando razones líquidas sobre algunas cuestiones que nos suceden, tal como lo expresa esta tira de Mafalda.

 




Mafalda está preocupada por el hambre del mundo mientras que la madre está preocupada porque ya no le queda bien el vestido de baño, lo que la hace ver como estúpida… sin embargo, muchas veces en las familias no se cuenta con una niña tan crítica como Mafalda o se ignoran totalmente las reflexiones sabias de los niños.

El caso que me interesa aquí es la orientación que los padres le damos a las situaciones corrientes de la vida, pues pueden estar dirigidas a la promoción o al rechazo de una sociedad líquida.

Hace poco me encontré en internet una frase que me generó bastantes reflexiones: “Todos hablan de dejarle un mejor planeta a nuestros hijos… por qué nadie intenta dejar mejores hijos al planeta” y es que con el auge que ha tenido la ecología no es para menos pensar en esto. El mundo ha cambiado enormemente y las especies animales y vegetales están cada vez más en riesgos de extinción.

Pero también, y mucho más, hay que pensar en el ser humano, en el peligro de extinción en el que estamos. Bien lo expresaba el papa San Juan Pablo II al hablar de ecología humana y que Cristián Conen expone de la siguiente manera: “El ser humano necesita además de un hábitat físico adecuado para vivir, un ámbito personal ecológico que desarrolle la capacidad para el encuentro, la unidad y la vida comunitaria. El ser humano necesita un hábitat donde reciba trato personal adecuado a su dignidad, sentido profundo de pertenencia e identidad, valoración o amor incondicional y ese hábitat, es la familia” (Conen, 2012)

El ser humano también está en vías de extinción, no como especie, sino como humanidad, como comunidad, pues debido a la sociedad líquida las personas se ven unas a otras como utilidad. De ahí que la importancia de la familia radique en enseñar a amar y ser amado tal como es, no por la utilidad que representa para el sistema en el que se encuentra inmersa la persona.

La sociedad requiere entonces de personas que estén dispuestas a pensar en los demás no por lo que obtendrán de beneficio, sino por la dignidad propia que poseen. Este aprendizaje se da por naturaleza en las familias, pues es ahí donde el niño percibe las primeras muestras de afecto y donde se le exige también que aprenda a convivir con sus hermanos y con sus padres; es ahí donde los padres aprenden a buscar lo mejor para sus hijos y que muchas veces no coincide con lo que ellos quisieran para ellos; es ahí donde los hijos ven y palpan realmente cómo se le expresa el amor a otra persona y sobre todo el trato que se le debe dar a alguien del sexo opuesto; es ahí donde el niño percibe el amor de que se tienen las personas que él más ama, a sus padres.

La familia es clave para educar en el amor, pues al ser “la única antítesis de la utilización de la persona en cuanto medio o instrumento de nuestra propia acción” (Wojtyla, 2008, pág. 36), constituye en el remedio para hacerle frente a una sociedad líquida.

domingo, 22 de febrero de 2015

Las sombras del amor líquido


A propósito de la película 50 sombras de Grey, basada en el libro del mismo nombre, quiero hacer una reflexión acerca de la diferenciación que hace Zygmunt Bauman sobre el deseo y el amor.

Cuando le he preguntado a mis alumnos sobre si pueden calificar de amor lo que pasa en 50 sombras de Grey, la mayoría afirman que no, otros dicen que al principio sí y después no… ¿qué espera el individuo líquido del amor?, ¿es más fácil amar para dicho individuo?  Bauman (2008) afirma en su libro Amor líquido “No es que más gente esté a la altura del amor en más ocasiones, sino que esos estándares son ahora más bajos…” (pág. 19). Es decir, ¿el individuo líquido ama pobremente?



¿Lo que siente Christian Grey por Anastasia es deseo o es amor?, ¿desear equivale a amar? Bauman, hace una distinción entre deseo y amor que me gustaría analizar un poco. Para él, el deseo ansía consumir, mientas que el amor ansía poseer. Esto me recuerda a la expresión un tanto vulgar, dicha por algunos jóvenes al referirse a que tuvieron relaciones sexuales con una mujer: me la comí…

Y es que en la sociedad líquida, como diría Bauman en otro de sus libros, para estar con alguien se utilizan los mismos criterios que cuando se va a comprar un objeto: el comprador se dirige a un establecimiento que “vende” los objetos, escoge uno, lo “compra”, se lo “lleva” y si le “sirve” se queda con él, de lo contrario, lo devuelve. Si el ser “amado” es un objeto de consumo, entonces lo normal y hacia lo que se dirige el individuo líquido es a consumirlo.

Por lo tanto, el ser deseado tendrá valor en la medida en que pueda ser consumido, en la medida en que tenga algo que lo haga consumible… y para ser consumible es necesario estar dispuesto a beneficiar al otro, pero no solo eso, el otro debe ver algo deseable. Por lo tanto, el objeto de deseo debe asegurar al otro su utilidad, su beneficio, que el otro sí pueda valorar y comparar frente a otros “objetos”, la utilidad por la que está dispuesto a pagar un precio.

Luego de pagar el precio (por lo general monetariamente), el comprador se llevará su objeto y lo “utilizará” hasta que este ya no le represente utilidad alguna. Pero mientras eso pasa, el objeto tratará de demostrar por todos los medios su utilidad, al punto de no tener qué más dar, porque se ha ido consumiendo en darle gusto al comprador… en este momento sentirá la incapacidad de no poder actuar sin el consentimiento de su comprador, sentirá que no es nada sin él, sentirá que no tendrá valor si él no le dice cuál es, sentirá que simplemente no puede existir sin él, todo lo que era es ahora lo que el comprador ha querido que fuera.

… Y luego de hablar un rato de su exnovio, mi alumna me dijo: “me sentía anulada, ahora me siento en paz…”

 

sábado, 14 de febrero de 2015

… entonces ¿qué significa el hijo?


A veces se oye la siguiente expresión proveniente de una madre preocupada por su hijo: “estamos buscando un hermanito para nuestro hijo”, otro padre ilusionado por jugar futbol con su hijo podrá decir “ojalá sea niño para jugar futbol con él”, otra más podrá pensar “por fin, voy a tener quién continúe con la empresa”…

Pensar en el hijo como un medio para tener o lograr cosas, puede ser algo de lo que realmente a veces no se es consciente, simplemente se piensa o se argumenta que es que “es mi hijo”… el lenguaje que utilizamos al referirnos a los hijos a veces manifiesta esta situación: es que ¿qué me le hicieron a mi hijo?, ¿quién me le pegó?, ¿cómo me le fue?...claro, podríamos decirle que sí, que es su hijo, pero ¿es verdaderamente de él en el sentido de pertenencia, como si fuera un objeto de consumo en la sociedad líquida?, por eso, me parece pertinente reflexionar sobre algunas preguntas: ¿qué pasará si el hijo no hace lo que quiero?, ¿si no cumple las expectativas que me he soñado con él?, ¿qué pasa si toma caminos diferentes a los que yo ya me había planteado con él?...

Se entiende entonces por qué en una sociedad líquida se pretende controlar la mayoría de las variables en torno a los hijos: en qué momento tenerlos, cómo tenerlos, con qué características tenerlos, incluso qué enfermedades evitar en ellos… es comprensible entonces dentro de la vida líquida, el hecho de que Apple y Facebook le paguen a sus empleadas para postergar su maternidad, justificándose por los “beneficios” laborales que tiene para aquellas: "al ofrecer este beneficio, las empresas están invirtiendo en las mujeres y apoyándolas en tener la vida que quieren"[1]

 

Valor del hijo líquido: se valora más el hijo en la medida que tenga más beneficios o menos costos para los padres, el que sea más “útil” para estos.

De ahí que de acuerdo con el significado que se tenga del hijo, así mismo se le va a educar. Por ejemplo, si se le ve como el salvador de la hija, tal como se manifestaba en la película “Una decisión difícil”, se le educará al hijo con ese fin, todo lo que se trate de formar en el hijo, estará orientado hacia ese fin, de tal forma que no se cuestione lo contrario. En la película se manifestaba claramente: la mamá le decía todo el tiempo a la niña que le tenía que ayudar a su hermana, que cómo era posible que se opusiera a donarle órganos, al punto de que si ella no lo hacía se consideraba mala hermana, sin tener en cuenta las consecuencias de tal acto, como se vio al final de la película.

… “profe, ya por fin voy a empezar a estudiar lo que quiero, pues voy a hacer doble programa”, afirmaba uno de mis asesorados, pues hasta ahora estaba estudiando lo que el papá quería que él estudiara.

Sobresale entonces la importancia de saber qué es un hijo como tal, aspecto necesario para orientar su educación.

En su libro Presencia y pertenencia paterna en la familia, la profesora Liliana Villarraga (1999), afirmaba que “el nuevo ser no es un elemento, cosa o alguien inconsciente, es una vida atenta al ofrecimiento generoso, bondadoso y considerado, alguien que incorpora el ofrecimiento y el deseo de su existencia” (p. 60).

Es decir, el hijo no es una cosa sobre la que puedo decidir su futuro, o un ser que me tiene que dar beneficios. Es una persona y como padres nos tenemos que tomar la tarea de descubrir quién es para ayudarla a ser lo mejor que puede ser.
Por eso el aporte de los padres a los hijos, es utilizar sus diferencias y fortalezas para proporcionarle eso que necesita para alcanzar su fin, no los nuestros.

 





[1] http://m.diarioregistrado.com/mobile/sociedad/104407-facebook-y-apple-pagan-para-que-las-empleadas-posterguen-tener-hijos.html

jueves, 5 de febrero de 2015

Tener un hijo... ¿para qué?

            Me imagino que tú y tu esposa están buscando un chavito bien… lo mejor es adoptar un chavito grande, te vas a ahorrar un chingo de pedos, sabes, hospitales, pañales, vacunas y lo mejor es que luego sabes cómo es, no te vas a llevar ningún tipo de sorpresa…”, en este diálogo de la película La otra familia de Gustavo Loza, se le dan al padre adoptante algunas “buenas” razones para adoptar un niño.

Sin embargo parece que la esposa del adoptante no está tan convencida pues le responde: “Y a ti quién te dijo que yo quiero adoptar un niño? ..., ¿tú crees que así es como yo voy a olvidar a mi bebé?”.

El esposo insiste en que el niño puede funcionar como un antídoto para olvidar al bebé que acaban de perder: “simplemente creo que un niño nos podría ayudar a superar esto, tendríamos una razón para luchar…”. Aunque también lo ve como algo que le dé sentido a su matrimonio, para arreglar unos problemas. Razones que su mismo padre manifiesta cuando afirma que “si lo que quieres es tener un hijo… búscate otra vieja, todavía estás muy joven para rehacer tu vida…”.
En la misma película, una pareja del  mismo sexo se plantea la posibilidad de adoptar al niño: “…pero tampoco es nuestra responsabilidad, nada más eso faltaba… qué pasa si la mamá se hace la desentendida… yo pensé que ese tema ya estaba cerrado” le dice Chema a Jean Paul. No obstante, luego de compartir con el niño se encariñan con él y desean estar con él. El niño vino a formar parte de la vida de estas personas intempestivamente, tal como lo que expone Gallego (2009)[1] al hablar de que la posibilidad de ejercer la parentalidad en parejas homoparentales se da en muchos casos al recibir en su hogar “niños que les son cedidos u obsequiados” por familiares cercanos.

En otra película, la protagonista comienza relatando lo siguiente: “casi todos los bebés son accidentes… yo no… yo fui diseñada… nací para salvar la vida de mi hermana”, estas primeras palabras de la película My sister´s keeper dirigida por Nick Cassavetes, nos lleva nuevamente a la pregunta: ¿qué es un hijo?, ¿para qué es un hijo?

¿Qué tienen en común las concepciones del hijo que acabamos de vislumbrar en los casos de las dos películas?... pareciera que el hijo se ve como un medio para obtener un fin: olvidar al bebé, solucionar un problema de pareja, tener un afecto, ser un donante de órganos… en todos estos casos se centra la atención en las necesidades de los padres, no en las del niño.

Además de la forma familiar y la dinámica interna, el hijo puede adquirir diversos significados, por ejemplo, “en la sociedad preindustrial se necesitaba a los hijos primeramente por razones económicas: como fuerza de trabajo en la casa y en la granja, como seguro de vejez para los padres, como herederos de los bienes y del nombre. Para las capas acomodadas, los hijos tenían un significado claramente económico, predeterminado por la sucesión intestada y las normas sobre las dotes.”[2]

Ahora, explican Beck & Beck-Gernsheim (2001) los hijos tienen una función de beneficio psicológico, en torno a las necesidades emocionales de los padres, como la esperanza de salvación del matrimonio, de ver realizados en los hijos los sueños que ellos no pudieron alcanzar o como la razón de la felicidad y un motivo por el cual vivir…en palabras de Bauman, “los hijos son ante todo y fundamentalmente, un objeto de consumo emocional”[3] (Bauman, 2008, p. 63).

           A su vez, Tubert (2004), lo expresa de esta manera: pareciera que “la búsqueda del niño a cualquier precio se justifica habitualmente en función del deseo del hijo, consigna mágica que parece legitimarlo todo”[4], se justificaría entonces, hacer cualquier cosa por un deseo individual de una pareja, de un hombre o de una mujer.




[1] Gallego Montes, Gabriel. Diversidad sexual y arreglos domésticos en México. En: Revista Latinoamericana de Estudios de Familia.  Vol. 1, enero - diciembre, 2009. P. 91.
[2] Beck, U., & Beck-Gernsheim, E. El normal caos del amor. Las nuevas formas de relación amorosa. Barcelona: Paidós Ibérica, 2001. P. 147.
[3] Bauman, Z. Amor líquido. Buenos Aires: Fondo de cultura económica. P. 63, 2004
[4] Tubert, S.. La maternidad en el discurso de las nuevas tecnologías reproductivas. P. 126 En: De la Concha, Angeles & Osborne, Raquel. Las mujeres y los niños primero. Barcelona: Icaria, 2004.

jueves, 22 de enero de 2015

Relaciones de éxtasis o sólidas


Alfonso López Quintás en su libro El Secreto de una vida lograda, habla de los procesos que pueden seguir las relaciones amorosas: uno de ellos lo denomina de vértigo y que se puede identificar fácilmente con las relaciones líquidas y el otro proceso lo denomina de éxtasis. Para este autor, el primer proceso empieza con el egoísmo y termina en destrucción, mientras el segundo comienza con la generosidad y termina con la felicidad o paz.

Es importante apuntar aquí que por lo general toda relación amorosa comienza con cierto egoísmo, pues cuando se comienza a salir en pareja, cada uno de los miembros de esta, tratará de atraer a la otra, para lo que mostrará lo mejor de sí y la otra persona percibirá más aspectos positivos que negativos. De esta forma, cada una de estas personas espera recibir de la otra algo que considera atractivo y por lo tanto bueno. Pero esta es la primera fase del proceso de enamoramiento, en la que todavía no hay un conocimiento más profundo de la  otra persona y por lo tanto, se puede entender el cierto egoísmo del que hablo. No obstante, esta fase tiene que dar lugar a otra en la que la aceptación de la persona como tal es lo principal, y ahí sí que entra a jugar la generosidad, pues reconociendo las propias y ajenas limitaciones se decidirá por pensar más en la felicidad de la otra que en la supuesta felicidad propia.

Aunque no me voy a detener más en la explicación que da este autor, para cada uno de los procesos, sí quisiera apuntar que una de las claves para identificar si una relación amorosa es sólida o no, es si produce paz. Decir que se está en paz o no, parece no ser sencillo, sin embargo, todos hemos tenido la experiencia de percibir este estado en cada uno de nosotros. Por lo general, una persona no se siente en paz cuando hace algo que cree que no debería haber hecho, y por lo tanto, siente un vacío o una desazón interior. Pero lo grave de esta situación no es el hecho de hacer algo que merezca una calificación negativa, pues todos nos podemos equivocar, sino la impotencia de no saber qué hacer o de no ser capaz de hacer lo que sabe que debería hacer. Es por esto, que este estado puede generar aburrimiento, limitación personal, sentimiento de inseguridad, deseos de escape.

La paz en cambio se identifica con un sentimiento de seguridad propio de un mejor ejercicio de la libertad, en el que la persona siente que está creciendo cada vez más como persona y no solo eso, sino que siente que la otra persona también está mejorando. La paz, la da entonces una relación en la que se trate a la pareja y a uno mismo, con la dignidad propia de ser persona, sin ningún tipo de asomo de cosificación o utilización del otro en beneficio propio.

* Extracto del artículo Noviazgos líquidos, publicado en la revista Apuntes de Familia en diciembre de 2013

sábado, 17 de enero de 2015

Relaciones líquidas

Cuando le pregunté a mi alumna que por qué no había ido a la clase anterior, me contestó:
Profe, es que… venga yo le cuento: es que en este momento tengo un novio y los dos estamos en la clase suya, pero es que peleamos  y no me quiero encontrar con él… lo que pasa es que él y yo como que empezamos mal porque él tenía novia, y yo novio, pero nos conocimos y comenzamos la relación sin haberle terminado antes a la otra persona.. y es que él es muy celoso y…”.

En este caso, esta alumna estaba a punto de perder la materia por fallas, no porque no entendiera lo que yo explicaba, sino por cuestiones afectivas. Esta situación nos conduce a pensar en el futuro de esta pareja de jóvenes de 20 años.

Parece que estamos acostumbrados a planear muchas cosas, nos demoramos años en prepararnos para ejercer una profesión, pero en cambio para el matrimonio… y hablo de matrimonio, porque la mejor escuela para este es el noviazgo, casi que se podría predecir cómo será un matrimonio de una pareja por la forma como viven su noviazgo.

Relaciones líquidas

Pero antes de hablar del noviazgo como tal, quisiera centrarme un poco en las relaciones de pareja actuales. Leyendo un estudio acerca de las relaciones por internet[1], me llamó la atención la opinión de uno de los participantes en la investigación:

  “En cuestión de minutos conoces a alguien y si no te interesa, aprietas un botón y sustituyes su compañía por otra. Y así hasta dar con esa persona capaz de hacer desaparecer las agujas del reloj”.

“En lo referente a los costes asociados, estos están muy por debajo de los tradicionales (no hay que pagar consumiciones ni entradas, ni gastar perfume, ni vestidos para la ocasión, no hay taxis, no hay restaurantes, etc.)”.

Este usuario de internet pareciera estar hablando de un producto del que está interesado en adquirir. A este respecto, un sociólogo explica que en la denominada por él modernidad líquida,  “los vínculos y las asociaciones tienden a ser visualizados y tratados como objetos a ser consumidos, no producidos; están sujetos a los mismos criterios de evaluación de todos los demás objetos de consumo. En el mercado consumista, los productos ostensiblemente duraderos son por regla general ofrecidos por un ´periodo de prueba´”[2]

Este periodo de prueba al que hace referencia Bauman es la tan comúnmente practicada por muchos jóvenes cohabitación o el irse a vivir juntos, situación que Bauman ubica en el mercado consumista. Tan es así que se piensa en la relación en términos del propio beneficio, pues en la medida en que la relación reporte beneficios personales, entonces vale la pena vivirla, mientras que si hay algo que se convierte en un impedimento para la propia realización o algo que no reporta beneficios entonces más bien se sustituye por otra compañía. Es por esto que en la modernidad líquida, el valor de la relación y por lo tanto de la persona, está dictaminado por la capacidad que tenga esta de darme más satisfacciones.

* Extracto del artículo Noviazgos líquidos, publicado en la revista Apuntes de Familia en diciembre de 2013



[1] Ardevol E. (2005). Catálogo de sueños: Las relaciones personales en internet como producto de consumo. Comunicación presentada al sexto seminario electrónico de la Red de Antropología de los Medios.
[2] Bauman, Z. (2004). Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina. P. 173.