Alfonso López Quintás en su libro El Secreto de una vida lograda, habla de
los procesos que pueden seguir las relaciones amorosas: uno de ellos lo denomina
de vértigo y que se puede identificar
fácilmente con las relaciones líquidas y el otro proceso lo denomina de éxtasis. Para este autor, el primer
proceso empieza con el egoísmo y termina en destrucción, mientras el segundo
comienza con la generosidad y termina con la felicidad o paz.
Es importante apuntar aquí que por
lo general toda relación amorosa comienza con cierto egoísmo, pues cuando se
comienza a salir en pareja, cada uno de los miembros de esta, tratará de atraer
a la otra, para lo que mostrará lo mejor de sí y la otra persona percibirá más
aspectos positivos que negativos. De esta forma, cada una de estas personas
espera recibir de la otra algo que considera atractivo y por lo tanto bueno.
Pero esta es la primera fase del proceso de enamoramiento, en la que todavía no
hay un conocimiento más profundo de la otra
persona y por lo tanto, se puede entender el cierto egoísmo del que hablo. No
obstante, esta fase tiene que dar lugar a otra en la que la aceptación de la
persona como tal es lo principal, y ahí sí que entra a jugar la generosidad,
pues reconociendo las propias y ajenas limitaciones se decidirá por pensar más
en la felicidad de la otra que en la supuesta felicidad propia.
Aunque no me voy a detener más en
la explicación que da este autor, para cada uno de los procesos, sí quisiera
apuntar que una de las claves para identificar si una relación amorosa es sólida o no, es si produce paz. Decir que se está en paz o no, parece
no ser sencillo, sin embargo, todos hemos tenido la experiencia de percibir
este estado en cada uno de nosotros. Por lo general, una persona no se siente en paz cuando hace algo que cree
que no debería haber hecho, y por lo tanto, siente un vacío o una desazón
interior. Pero lo grave de esta situación no es el hecho de hacer algo que
merezca una calificación negativa, pues todos nos podemos equivocar, sino la
impotencia de no saber qué hacer o de no ser capaz de hacer lo que sabe que
debería hacer. Es por esto, que este estado puede generar aburrimiento,
limitación personal, sentimiento de inseguridad, deseos de escape.
La paz en cambio se identifica con
un sentimiento de seguridad propio de un mejor ejercicio de la libertad, en el
que la persona siente que está creciendo cada vez más como persona y no solo
eso, sino que siente que la otra persona también está mejorando. La paz, la da
entonces una relación en la que se trate a la pareja y a uno mismo, con la
dignidad propia de ser persona, sin ningún tipo de asomo de cosificación o
utilización del otro en beneficio
propio.
* Extracto del artículo Noviazgos líquidos, publicado en la revista Apuntes de Familia en diciembre de 2013
* Extracto del artículo Noviazgos líquidos, publicado en la revista Apuntes de Familia en diciembre de 2013
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