Cuando le pregunté a mi alumna que
por qué no había ido a la clase anterior, me contestó:
“Profe, es que… venga yo le cuento: es que en este momento tengo un
novio y los dos estamos en la clase suya, pero es que peleamos y no me quiero encontrar con él… lo que pasa
es que él y yo como que empezamos mal porque él tenía novia, y yo novio, pero
nos conocimos y comenzamos la relación sin haberle terminado antes a la otra
persona.. y es que él es muy celoso y…”.
En este caso, esta alumna estaba a
punto de perder la materia por fallas, no porque no entendiera lo que yo
explicaba, sino por cuestiones afectivas. Esta situación nos conduce a pensar
en el futuro de esta pareja de jóvenes de 20 años.
Parece que estamos acostumbrados a
planear muchas cosas, nos demoramos años en prepararnos para ejercer una
profesión, pero en cambio para el matrimonio… y hablo de matrimonio, porque la
mejor escuela para este es el noviazgo, casi que se podría predecir cómo será
un matrimonio de una pareja por la forma como viven su noviazgo.
Relaciones líquidas
Pero antes de hablar del noviazgo
como tal, quisiera centrarme un poco en las relaciones de pareja actuales.
Leyendo un estudio acerca de las relaciones por internet[1],
me llamó la atención la opinión de uno de los participantes en la
investigación:
“En cuestión de minutos conoces a alguien y si no te interesa,
aprietas un botón y sustituyes su compañía por otra. Y así hasta dar con esa
persona capaz de hacer desaparecer las agujas del reloj”.
“En lo referente a los costes
asociados, estos están muy por debajo de los tradicionales (no hay que pagar
consumiciones ni entradas, ni gastar perfume, ni vestidos para la ocasión, no
hay taxis, no hay restaurantes, etc.)”.
Este usuario de internet pareciera
estar hablando de un producto del que está interesado en adquirir. A este
respecto, un sociólogo explica que en la denominada por él modernidad líquida, “los
vínculos y las asociaciones tienden a ser visualizados y tratados como
objetos a ser consumidos, no producidos; están sujetos a los mismos
criterios de evaluación de todos los demás objetos de consumo. En el mercado
consumista, los productos ostensiblemente duraderos son por regla general
ofrecidos por un ´periodo de prueba´”[2].
Este periodo de prueba al que hace referencia Bauman es la tan comúnmente
practicada por muchos jóvenes cohabitación
o el irse a vivir juntos, situación
que Bauman ubica en el mercado consumista. Tan es así que se piensa en la
relación en términos del propio beneficio, pues en la medida en que la relación
reporte beneficios personales, entonces vale la pena vivirla, mientras que si
hay algo que se convierte en un impedimento para la propia realización o algo
que no reporta beneficios entonces más bien se sustituye por otra compañía. Es por esto que en la modernidad
líquida, el valor de la relación y por lo tanto de la persona, está dictaminado
por la capacidad que tenga esta de darme más satisfacciones.
* Extracto del artículo Noviazgos líquidos, publicado en la revista Apuntes de Familia en diciembre de 2013
[1] Ardevol
E. (2005). Catálogo de sueños: Las
relaciones personales en internet como producto de consumo. Comunicación
presentada al sexto seminario electrónico de la Red de Antropología de los
Medios.
[2] Bauman,
Z. (2004). Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de
Argentina. P. 173.
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