jueves, 5 de febrero de 2015

Tener un hijo... ¿para qué?

            Me imagino que tú y tu esposa están buscando un chavito bien… lo mejor es adoptar un chavito grande, te vas a ahorrar un chingo de pedos, sabes, hospitales, pañales, vacunas y lo mejor es que luego sabes cómo es, no te vas a llevar ningún tipo de sorpresa…”, en este diálogo de la película La otra familia de Gustavo Loza, se le dan al padre adoptante algunas “buenas” razones para adoptar un niño.

Sin embargo parece que la esposa del adoptante no está tan convencida pues le responde: “Y a ti quién te dijo que yo quiero adoptar un niño? ..., ¿tú crees que así es como yo voy a olvidar a mi bebé?”.

El esposo insiste en que el niño puede funcionar como un antídoto para olvidar al bebé que acaban de perder: “simplemente creo que un niño nos podría ayudar a superar esto, tendríamos una razón para luchar…”. Aunque también lo ve como algo que le dé sentido a su matrimonio, para arreglar unos problemas. Razones que su mismo padre manifiesta cuando afirma que “si lo que quieres es tener un hijo… búscate otra vieja, todavía estás muy joven para rehacer tu vida…”.
En la misma película, una pareja del  mismo sexo se plantea la posibilidad de adoptar al niño: “…pero tampoco es nuestra responsabilidad, nada más eso faltaba… qué pasa si la mamá se hace la desentendida… yo pensé que ese tema ya estaba cerrado” le dice Chema a Jean Paul. No obstante, luego de compartir con el niño se encariñan con él y desean estar con él. El niño vino a formar parte de la vida de estas personas intempestivamente, tal como lo que expone Gallego (2009)[1] al hablar de que la posibilidad de ejercer la parentalidad en parejas homoparentales se da en muchos casos al recibir en su hogar “niños que les son cedidos u obsequiados” por familiares cercanos.

En otra película, la protagonista comienza relatando lo siguiente: “casi todos los bebés son accidentes… yo no… yo fui diseñada… nací para salvar la vida de mi hermana”, estas primeras palabras de la película My sister´s keeper dirigida por Nick Cassavetes, nos lleva nuevamente a la pregunta: ¿qué es un hijo?, ¿para qué es un hijo?

¿Qué tienen en común las concepciones del hijo que acabamos de vislumbrar en los casos de las dos películas?... pareciera que el hijo se ve como un medio para obtener un fin: olvidar al bebé, solucionar un problema de pareja, tener un afecto, ser un donante de órganos… en todos estos casos se centra la atención en las necesidades de los padres, no en las del niño.

Además de la forma familiar y la dinámica interna, el hijo puede adquirir diversos significados, por ejemplo, “en la sociedad preindustrial se necesitaba a los hijos primeramente por razones económicas: como fuerza de trabajo en la casa y en la granja, como seguro de vejez para los padres, como herederos de los bienes y del nombre. Para las capas acomodadas, los hijos tenían un significado claramente económico, predeterminado por la sucesión intestada y las normas sobre las dotes.”[2]

Ahora, explican Beck & Beck-Gernsheim (2001) los hijos tienen una función de beneficio psicológico, en torno a las necesidades emocionales de los padres, como la esperanza de salvación del matrimonio, de ver realizados en los hijos los sueños que ellos no pudieron alcanzar o como la razón de la felicidad y un motivo por el cual vivir…en palabras de Bauman, “los hijos son ante todo y fundamentalmente, un objeto de consumo emocional”[3] (Bauman, 2008, p. 63).

           A su vez, Tubert (2004), lo expresa de esta manera: pareciera que “la búsqueda del niño a cualquier precio se justifica habitualmente en función del deseo del hijo, consigna mágica que parece legitimarlo todo”[4], se justificaría entonces, hacer cualquier cosa por un deseo individual de una pareja, de un hombre o de una mujer.




[1] Gallego Montes, Gabriel. Diversidad sexual y arreglos domésticos en México. En: Revista Latinoamericana de Estudios de Familia.  Vol. 1, enero - diciembre, 2009. P. 91.
[2] Beck, U., & Beck-Gernsheim, E. El normal caos del amor. Las nuevas formas de relación amorosa. Barcelona: Paidós Ibérica, 2001. P. 147.
[3] Bauman, Z. Amor líquido. Buenos Aires: Fondo de cultura económica. P. 63, 2004
[4] Tubert, S.. La maternidad en el discurso de las nuevas tecnologías reproductivas. P. 126 En: De la Concha, Angeles & Osborne, Raquel. Las mujeres y los niños primero. Barcelona: Icaria, 2004.

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