Sin embargo parece que la esposa del
adoptante no está tan convencida pues le responde: “Y a ti quién te dijo que yo quiero adoptar un niño? ..., ¿tú crees que
así es como yo voy a olvidar a mi bebé?”.
El esposo insiste en que el niño puede
funcionar como un antídoto para olvidar al bebé que acaban de perder: “simplemente creo que un niño nos podría
ayudar a superar esto, tendríamos una razón para luchar…”. Aunque también
lo ve como algo que le dé sentido a
su matrimonio, para arreglar unos problemas. Razones que su mismo padre
manifiesta cuando afirma que “si lo que
quieres es tener un hijo… búscate otra vieja, todavía estás muy joven para
rehacer tu vida…”.
En
la misma película, una pareja del mismo
sexo se plantea la posibilidad de adoptar al niño: “…pero tampoco es nuestra responsabilidad, nada más eso faltaba… qué
pasa si la mamá se hace la desentendida… yo pensé que ese tema ya estaba
cerrado” le dice Chema a Jean Paul. No obstante, luego de compartir con el
niño se encariñan con él y desean estar con él. El niño vino a formar parte de
la vida de estas personas intempestivamente, tal como lo que expone Gallego
(2009)[1]
al hablar de que la posibilidad de ejercer la parentalidad en parejas
homoparentales se da en muchos casos al recibir en su hogar “niños que les son
cedidos u obsequiados” por familiares cercanos.
En
otra película, la protagonista comienza relatando lo siguiente: “casi todos los bebés son accidentes… yo no…
yo fui diseñada… nací para salvar la vida de mi hermana”, estas primeras
palabras de la película My sister´s
keeper dirigida por Nick Cassavetes, nos lleva nuevamente a la pregunta:
¿qué es un hijo?, ¿para qué es un hijo?
¿Qué
tienen en común las concepciones del hijo que acabamos de vislumbrar en los
casos de las dos películas?... pareciera que el hijo se ve como un medio para
obtener un fin: olvidar al bebé, solucionar un problema de pareja, tener un
afecto, ser un donante de órganos… en todos estos casos se centra la atención
en las necesidades de los padres, no en las del niño.
Además
de la forma familiar y la dinámica interna, el hijo puede adquirir diversos
significados, por ejemplo, “en la sociedad preindustrial se necesitaba a los
hijos primeramente por razones económicas: como fuerza de trabajo en la casa y
en la granja, como seguro de vejez para los padres, como herederos de los
bienes y del nombre. Para las capas acomodadas, los hijos tenían un significado
claramente económico, predeterminado por la sucesión intestada y las normas
sobre las dotes.”[2]
Ahora,
explican Beck & Beck-Gernsheim (2001) los hijos tienen una función de beneficio psicológico, en
torno a las necesidades emocionales de los padres, como la esperanza de
salvación del matrimonio, de ver realizados en los hijos los sueños que ellos
no pudieron alcanzar o como la razón de la felicidad y un motivo por el cual
vivir…en palabras de Bauman, “los hijos son ante todo y fundamentalmente, un
objeto de consumo emocional”[3]
(Bauman, 2008, p. 63).
A su vez, Tubert (2004), lo expresa de esta manera: pareciera que “la búsqueda del niño a cualquier precio se justifica habitualmente en función del deseo del hijo, consigna mágica que parece legitimarlo todo”[4], se justificaría entonces, hacer cualquier cosa por un deseo individual de una pareja, de un hombre o de una mujer.
[1] Gallego
Montes, Gabriel. Diversidad sexual y arreglos domésticos en México. En: Revista Latinoamericana de Estudios de Familia. Vol. 1, enero - diciembre, 2009. P. 91.
[2] Beck, U., &
Beck-Gernsheim, E. El normal caos del amor. Las nuevas formas de relación
amorosa. Barcelona: Paidós Ibérica, 2001. P. 147.
[3] Bauman,
Z. Amor líquido. Buenos Aires: Fondo
de cultura económica. P. 63, 2004
[4] Tubert, S.. La
maternidad en el discurso de las nuevas tecnologías reproductivas. P. 126 En:
De la Concha, Angeles & Osborne, Raquel. Las mujeres y los niños primero. Barcelona: Icaria, 2004.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario