lunes, 16 de marzo de 2015

Los desafíos de la familia


¿qué tiene que ver la familia con la propuesta de la sociedad líquida?, ¿la rechaza o la promueve?, ¿cuál es su función en una sociedad líquida?

Si se entiende que en la sociedad líquida se promueve el individualismo, el consumismo, el miedo, la crisis de identidad… ¿cómo está la familia protagonizando un cambio con respecto a esto?

Muchas familias pueden estar promoviendo una cultura líquida sin darse cuenta, pues esta cultura se ha incrustado en la sociedad de una manera muy sutil, tanto que a veces los mismos padres podemos estar dando razones líquidas sobre algunas cuestiones que nos suceden, tal como lo expresa esta tira de Mafalda.

 




Mafalda está preocupada por el hambre del mundo mientras que la madre está preocupada porque ya no le queda bien el vestido de baño, lo que la hace ver como estúpida… sin embargo, muchas veces en las familias no se cuenta con una niña tan crítica como Mafalda o se ignoran totalmente las reflexiones sabias de los niños.

El caso que me interesa aquí es la orientación que los padres le damos a las situaciones corrientes de la vida, pues pueden estar dirigidas a la promoción o al rechazo de una sociedad líquida.

Hace poco me encontré en internet una frase que me generó bastantes reflexiones: “Todos hablan de dejarle un mejor planeta a nuestros hijos… por qué nadie intenta dejar mejores hijos al planeta” y es que con el auge que ha tenido la ecología no es para menos pensar en esto. El mundo ha cambiado enormemente y las especies animales y vegetales están cada vez más en riesgos de extinción.

Pero también, y mucho más, hay que pensar en el ser humano, en el peligro de extinción en el que estamos. Bien lo expresaba el papa San Juan Pablo II al hablar de ecología humana y que Cristián Conen expone de la siguiente manera: “El ser humano necesita además de un hábitat físico adecuado para vivir, un ámbito personal ecológico que desarrolle la capacidad para el encuentro, la unidad y la vida comunitaria. El ser humano necesita un hábitat donde reciba trato personal adecuado a su dignidad, sentido profundo de pertenencia e identidad, valoración o amor incondicional y ese hábitat, es la familia” (Conen, 2012)

El ser humano también está en vías de extinción, no como especie, sino como humanidad, como comunidad, pues debido a la sociedad líquida las personas se ven unas a otras como utilidad. De ahí que la importancia de la familia radique en enseñar a amar y ser amado tal como es, no por la utilidad que representa para el sistema en el que se encuentra inmersa la persona.

La sociedad requiere entonces de personas que estén dispuestas a pensar en los demás no por lo que obtendrán de beneficio, sino por la dignidad propia que poseen. Este aprendizaje se da por naturaleza en las familias, pues es ahí donde el niño percibe las primeras muestras de afecto y donde se le exige también que aprenda a convivir con sus hermanos y con sus padres; es ahí donde los padres aprenden a buscar lo mejor para sus hijos y que muchas veces no coincide con lo que ellos quisieran para ellos; es ahí donde los hijos ven y palpan realmente cómo se le expresa el amor a otra persona y sobre todo el trato que se le debe dar a alguien del sexo opuesto; es ahí donde el niño percibe el amor de que se tienen las personas que él más ama, a sus padres.

La familia es clave para educar en el amor, pues al ser “la única antítesis de la utilización de la persona en cuanto medio o instrumento de nuestra propia acción” (Wojtyla, 2008, pág. 36), constituye en el remedio para hacerle frente a una sociedad líquida.

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