¿qué tiene que ver la familia con la propuesta de la
sociedad líquida?, ¿la rechaza o la promueve?, ¿cuál es su función en una
sociedad líquida?
Si se entiende que en la sociedad líquida se promueve el
individualismo, el consumismo, el miedo, la crisis de identidad… ¿cómo está la
familia protagonizando un cambio con respecto a esto?
Muchas familias pueden estar promoviendo una cultura líquida
sin darse cuenta, pues esta cultura se ha incrustado en la sociedad de una
manera muy sutil, tanto que a veces los mismos padres podemos estar dando
razones líquidas sobre algunas cuestiones que nos suceden, tal como lo expresa
esta tira de Mafalda.
Mafalda está preocupada por el hambre del mundo mientras que
la madre está preocupada porque ya no le queda bien el vestido de baño, lo que
la hace ver como estúpida… sin embargo, muchas veces en las familias no se
cuenta con una niña tan crítica como Mafalda o se ignoran totalmente las
reflexiones sabias de los niños.
El caso que me interesa aquí es la orientación que los
padres le damos a las situaciones corrientes de la vida, pues pueden estar
dirigidas a la promoción o al rechazo de una sociedad líquida.
Hace poco me encontré en internet una frase que me generó
bastantes reflexiones: “Todos hablan de dejarle un mejor planeta a nuestros
hijos… por qué nadie intenta dejar mejores hijos al planeta” y es que con el
auge que ha tenido la ecología no es para menos pensar en esto. El mundo ha
cambiado enormemente y las especies animales y vegetales están cada vez más en
riesgos de extinción.
Pero también, y mucho más, hay que pensar en el ser humano,
en el peligro de extinción en el que estamos. Bien lo expresaba el papa San
Juan Pablo II al hablar de ecología humana y que Cristián Conen expone de la
siguiente manera: “El ser humano necesita además de un hábitat físico adecuado
para vivir, un ámbito personal ecológico que desarrolle la capacidad para el
encuentro, la unidad y la vida comunitaria. El ser humano necesita un
hábitat donde reciba trato personal adecuado a su dignidad, sentido
profundo de pertenencia e identidad, valoración o amor incondicional y ese
hábitat, es la familia” (Conen, 2012)
El ser humano también está en vías de extinción, no como
especie, sino como humanidad, como comunidad, pues debido a la sociedad líquida
las personas se ven unas a otras como utilidad. De ahí que la importancia de la
familia radique en enseñar a amar y ser amado tal como es, no por la utilidad
que representa para el sistema en el que se encuentra inmersa la persona.
La sociedad requiere entonces de personas que estén
dispuestas a pensar en los demás no por lo que obtendrán de beneficio, sino por
la dignidad propia que poseen. Este aprendizaje se da por naturaleza en las
familias, pues es ahí donde el niño percibe las primeras muestras de afecto y
donde se le exige también que aprenda a convivir con sus hermanos y con sus
padres; es ahí donde los padres aprenden a buscar lo mejor para sus hijos y que
muchas veces no coincide con lo que ellos quisieran para ellos; es ahí donde
los hijos ven y palpan realmente cómo se le expresa el amor a otra persona y
sobre todo el trato que se le debe dar a alguien del sexo opuesto; es ahí donde
el niño percibe el amor de que se tienen las personas que él más ama, a sus
padres.
La familia es clave para educar en el amor, pues al ser “la única antítesis de la utilización de la
persona en cuanto medio o instrumento de nuestra propia acción” (Wojtyla, 2008,
pág. 36), constituye en el remedio para hacerle frente a una sociedad líquida.

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