Que fluya el amor…
Se suele entender que una relación
de pareja está mediada por el amor, sin embargo, el amor en la sociedad líquida
parece estar sometido a varios criterios como que hacen imposible las
relaciones duraderas y estables.
Con respecto a una sociedad líquida
en la que las personas viven un individualismo rampante y se buscan unas a
otras en cuanto haya utilidad de por medio, el amor es la solución, ya que es “la
única antítesis de la utilización de la persona en cuanto medio o instrumento
de nuestra propia acción” (Wojtyla, 2008, pág. 36), es decir, el amor es la
actitud que me permite ver en el otro algo más que un objeto de beneficio.
Humberto Maturana expresa a su vez que el amor “es la palabra que usamos en la
vida cotidiana para hacer referencia a la aceptación del otro o de lo otro como
un legítimo otro en la convivencia” (1998, p. 73).
Es decir, si queremos vivir mejor
en sociedad, debemos amarnos, esta es la mejor manera de relacionarnos unos a
otros. No obstante, muchas personas pensarán que eso es lógico, que hay que amarse,
que eso ya lo sabemos desde hace tiempo… pero se entiende ¿qué es el amor?, ¿es
acompañamiento?, ¿satisfacción?, ¿gratificación?, ¿deseo?, ¿un sentimiento?
Muchas personas aseguran que
entienden el amor, es más, no ven necesario formarse en este tema ya que lo ven
tan trivial, que solo basta poner el sentimiento y… ¡ya está! Sin embargo, muchos
de estas personas tienen bastantes dificultades con los demás y se frustran
porque no son amados o les reclaman un amor que no surge…
Es muy probable que no sepamos
amar… y eso, porque los mecanismos de poder que pretenden promover una sociedad
líquida, no están interesados en que lo hagamos, ya que se perdería la esencia
misma de la sociedad líquida (el individualismo que permite que fluya el
mercado). Pero bueno, este es otro tema, que retomaré en otra ocasión.
Volvamos al tema del amor… me gusta
muchísimo la definición de amor que utiliza Tomás Melendo “Querer el bien del
otro en cuanto otro”, Melendo toma a su vez lo que Artistóteles expresaba en
Retórica: “sea amor el querer para alguien aquello que se cree bueno, por causa
de aquel y no de uno mismo, y sentirse además inclinado a realizarlo según las
propias posibilidades” (Aristóteles en Retórica).
Siendo muy atrevido, me gusta
agregarle a la definición de Melendo una palabra a la que hace también referencia
Aristóteles. Amar es “Querer y realizar
el bien del otro en cuanto otro”. Este “realizar”, aunque Melendo lo deja
entredicho, lo pongo por cuestiones de estructura mental propia… (recuerda que
soy ingeniero).
Me parece muy adecuado comenzar por
la diferencia entre el deseo y el amor, que hace Bauman: “Si el deseo ansía
consumir, el amor ansía poseer. En cuanto la satisfacción del deseo es
colindante con la aniquilación de su objeto, el amor crece con sus
adquisiciones y se satisface con su durabilidad. Si el deseo es
autodestructivo, el amor se autoperpetúa” (Bauman, 2005, p. 25).
Desear algo es tener ansias de
consumirlo y cuando se consume algo, cada vez es menos eso que era, cada vez se
hace más parte de sí mismo, pero al punto de anularse. La persona deseada se
siente menos dueña de sí misma, menos ella misma, se siente que para obtener la
atención del otro, es necesario darle lo que este le pida, sin pensar en que
puede estar perdiendo su identidad.
Es por esto, que Bauman habla de
aniquilación, pues la persona es deseada en la medida en que tiene algo
deseable, pero con el tiempo de ser consumida, ya no le queda nada que ofrecer
y se desecha como cualquier objeto consumido….
De ahí la expresión de mi exalumna: “...me sentía anulada”.
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