lunes, 16 de mayo de 2016

Que fluya el amor (I)

Que fluya el amor…

Se suele entender que una relación de pareja está mediada por el amor, sin embargo, el amor en la sociedad líquida parece estar sometido a varios criterios como que hacen imposible las relaciones duraderas y estables.

Con respecto a una sociedad líquida en la que las personas viven un individualismo rampante y se buscan unas a otras en cuanto haya utilidad de por medio, el amor es la solución, ya que es “la única antítesis de la utilización de la persona en cuanto medio o instrumento de nuestra propia acción” (Wojtyla, 2008, pág. 36), es decir, el amor es la actitud que me permite ver en el otro algo más que un objeto de beneficio. Humberto Maturana expresa a su vez que el amor “es la palabra que usamos en la vida cotidiana para hacer referencia a la aceptación del otro o de lo otro como un legítimo otro en la convivencia” (1998, p. 73).
Es decir, si queremos vivir mejor en sociedad, debemos amarnos, esta es la mejor manera de relacionarnos unos a otros. No obstante, muchas personas pensarán que eso es lógico, que hay que amarse, que eso ya lo sabemos desde hace tiempo… pero se entiende ¿qué es el amor?, ¿es acompañamiento?, ¿satisfacción?, ¿gratificación?, ¿deseo?, ¿un sentimiento?

Muchas personas aseguran que entienden el amor, es más, no ven necesario formarse en este tema ya que lo ven tan trivial, que solo basta poner el sentimiento y… ¡ya está! Sin embargo, muchos de estas personas tienen bastantes dificultades con los demás y se frustran porque no son amados o les reclaman un amor que no surge…
Es muy probable que no sepamos amar… y eso, porque los mecanismos de poder que pretenden promover una sociedad líquida, no están interesados en que lo hagamos, ya que se perdería la esencia misma de la sociedad líquida (el individualismo que permite que fluya el mercado). Pero bueno, este es otro tema, que retomaré en otra ocasión.

Volvamos al tema del amor… me gusta muchísimo la definición de amor que utiliza Tomás Melendo “Querer el bien del otro en cuanto otro”, Melendo toma a su vez lo que Artistóteles expresaba en Retórica: “sea amor el querer para alguien aquello que se cree bueno, por causa de aquel y no de uno mismo, y sentirse además inclinado a realizarlo según las propias posibilidades” (Aristóteles en Retórica).
Siendo muy atrevido, me gusta agregarle a la definición de Melendo una palabra a la que hace también referencia Aristóteles. Amar es “Querer y realizar el bien del otro en cuanto otro”. Este “realizar”, aunque Melendo lo deja entredicho, lo pongo por cuestiones de estructura mental propia… (recuerda que soy ingeniero).

Me parece muy adecuado comenzar por la diferencia entre el deseo y el amor, que hace Bauman: “Si el deseo ansía consumir, el amor ansía poseer. En cuanto la satisfacción del deseo es colindante con la aniquilación de su objeto, el amor crece con sus adquisiciones y se satisface con su durabilidad. Si el deseo es autodestructivo, el amor se autoperpetúa” (Bauman, 2005, p. 25).
Desear algo es tener ansias de consumirlo y cuando se consume algo, cada vez es menos eso que era, cada vez se hace más parte de sí mismo, pero al punto de anularse. La persona deseada se siente menos dueña de sí misma, menos ella misma, se siente que para obtener la atención del otro, es necesario darle lo que este le pida, sin pensar en que puede estar perdiendo su identidad.
Es por esto, que Bauman habla de aniquilación, pues la persona es deseada en la medida en que tiene algo deseable, pero con el tiempo de ser consumida, ya no le queda nada que ofrecer y se desecha como cualquier objeto consumido….


De ahí la expresión de mi exalumna: “...me sentía anulada”.

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