domingo, 22 de febrero de 2015

Las sombras del amor líquido


A propósito de la película 50 sombras de Grey, basada en el libro del mismo nombre, quiero hacer una reflexión acerca de la diferenciación que hace Zygmunt Bauman sobre el deseo y el amor.

Cuando le he preguntado a mis alumnos sobre si pueden calificar de amor lo que pasa en 50 sombras de Grey, la mayoría afirman que no, otros dicen que al principio sí y después no… ¿qué espera el individuo líquido del amor?, ¿es más fácil amar para dicho individuo?  Bauman (2008) afirma en su libro Amor líquido “No es que más gente esté a la altura del amor en más ocasiones, sino que esos estándares son ahora más bajos…” (pág. 19). Es decir, ¿el individuo líquido ama pobremente?



¿Lo que siente Christian Grey por Anastasia es deseo o es amor?, ¿desear equivale a amar? Bauman, hace una distinción entre deseo y amor que me gustaría analizar un poco. Para él, el deseo ansía consumir, mientas que el amor ansía poseer. Esto me recuerda a la expresión un tanto vulgar, dicha por algunos jóvenes al referirse a que tuvieron relaciones sexuales con una mujer: me la comí…

Y es que en la sociedad líquida, como diría Bauman en otro de sus libros, para estar con alguien se utilizan los mismos criterios que cuando se va a comprar un objeto: el comprador se dirige a un establecimiento que “vende” los objetos, escoge uno, lo “compra”, se lo “lleva” y si le “sirve” se queda con él, de lo contrario, lo devuelve. Si el ser “amado” es un objeto de consumo, entonces lo normal y hacia lo que se dirige el individuo líquido es a consumirlo.

Por lo tanto, el ser deseado tendrá valor en la medida en que pueda ser consumido, en la medida en que tenga algo que lo haga consumible… y para ser consumible es necesario estar dispuesto a beneficiar al otro, pero no solo eso, el otro debe ver algo deseable. Por lo tanto, el objeto de deseo debe asegurar al otro su utilidad, su beneficio, que el otro sí pueda valorar y comparar frente a otros “objetos”, la utilidad por la que está dispuesto a pagar un precio.

Luego de pagar el precio (por lo general monetariamente), el comprador se llevará su objeto y lo “utilizará” hasta que este ya no le represente utilidad alguna. Pero mientras eso pasa, el objeto tratará de demostrar por todos los medios su utilidad, al punto de no tener qué más dar, porque se ha ido consumiendo en darle gusto al comprador… en este momento sentirá la incapacidad de no poder actuar sin el consentimiento de su comprador, sentirá que no es nada sin él, sentirá que no tendrá valor si él no le dice cuál es, sentirá que simplemente no puede existir sin él, todo lo que era es ahora lo que el comprador ha querido que fuera.

… Y luego de hablar un rato de su exnovio, mi alumna me dijo: “me sentía anulada, ahora me siento en paz…”

 

sábado, 14 de febrero de 2015

… entonces ¿qué significa el hijo?


A veces se oye la siguiente expresión proveniente de una madre preocupada por su hijo: “estamos buscando un hermanito para nuestro hijo”, otro padre ilusionado por jugar futbol con su hijo podrá decir “ojalá sea niño para jugar futbol con él”, otra más podrá pensar “por fin, voy a tener quién continúe con la empresa”…

Pensar en el hijo como un medio para tener o lograr cosas, puede ser algo de lo que realmente a veces no se es consciente, simplemente se piensa o se argumenta que es que “es mi hijo”… el lenguaje que utilizamos al referirnos a los hijos a veces manifiesta esta situación: es que ¿qué me le hicieron a mi hijo?, ¿quién me le pegó?, ¿cómo me le fue?...claro, podríamos decirle que sí, que es su hijo, pero ¿es verdaderamente de él en el sentido de pertenencia, como si fuera un objeto de consumo en la sociedad líquida?, por eso, me parece pertinente reflexionar sobre algunas preguntas: ¿qué pasará si el hijo no hace lo que quiero?, ¿si no cumple las expectativas que me he soñado con él?, ¿qué pasa si toma caminos diferentes a los que yo ya me había planteado con él?...

Se entiende entonces por qué en una sociedad líquida se pretende controlar la mayoría de las variables en torno a los hijos: en qué momento tenerlos, cómo tenerlos, con qué características tenerlos, incluso qué enfermedades evitar en ellos… es comprensible entonces dentro de la vida líquida, el hecho de que Apple y Facebook le paguen a sus empleadas para postergar su maternidad, justificándose por los “beneficios” laborales que tiene para aquellas: "al ofrecer este beneficio, las empresas están invirtiendo en las mujeres y apoyándolas en tener la vida que quieren"[1]

 

Valor del hijo líquido: se valora más el hijo en la medida que tenga más beneficios o menos costos para los padres, el que sea más “útil” para estos.

De ahí que de acuerdo con el significado que se tenga del hijo, así mismo se le va a educar. Por ejemplo, si se le ve como el salvador de la hija, tal como se manifestaba en la película “Una decisión difícil”, se le educará al hijo con ese fin, todo lo que se trate de formar en el hijo, estará orientado hacia ese fin, de tal forma que no se cuestione lo contrario. En la película se manifestaba claramente: la mamá le decía todo el tiempo a la niña que le tenía que ayudar a su hermana, que cómo era posible que se opusiera a donarle órganos, al punto de que si ella no lo hacía se consideraba mala hermana, sin tener en cuenta las consecuencias de tal acto, como se vio al final de la película.

… “profe, ya por fin voy a empezar a estudiar lo que quiero, pues voy a hacer doble programa”, afirmaba uno de mis asesorados, pues hasta ahora estaba estudiando lo que el papá quería que él estudiara.

Sobresale entonces la importancia de saber qué es un hijo como tal, aspecto necesario para orientar su educación.

En su libro Presencia y pertenencia paterna en la familia, la profesora Liliana Villarraga (1999), afirmaba que “el nuevo ser no es un elemento, cosa o alguien inconsciente, es una vida atenta al ofrecimiento generoso, bondadoso y considerado, alguien que incorpora el ofrecimiento y el deseo de su existencia” (p. 60).

Es decir, el hijo no es una cosa sobre la que puedo decidir su futuro, o un ser que me tiene que dar beneficios. Es una persona y como padres nos tenemos que tomar la tarea de descubrir quién es para ayudarla a ser lo mejor que puede ser.
Por eso el aporte de los padres a los hijos, es utilizar sus diferencias y fortalezas para proporcionarle eso que necesita para alcanzar su fin, no los nuestros.

 





[1] http://m.diarioregistrado.com/mobile/sociedad/104407-facebook-y-apple-pagan-para-que-las-empleadas-posterguen-tener-hijos.html

jueves, 5 de febrero de 2015

Tener un hijo... ¿para qué?

            Me imagino que tú y tu esposa están buscando un chavito bien… lo mejor es adoptar un chavito grande, te vas a ahorrar un chingo de pedos, sabes, hospitales, pañales, vacunas y lo mejor es que luego sabes cómo es, no te vas a llevar ningún tipo de sorpresa…”, en este diálogo de la película La otra familia de Gustavo Loza, se le dan al padre adoptante algunas “buenas” razones para adoptar un niño.

Sin embargo parece que la esposa del adoptante no está tan convencida pues le responde: “Y a ti quién te dijo que yo quiero adoptar un niño? ..., ¿tú crees que así es como yo voy a olvidar a mi bebé?”.

El esposo insiste en que el niño puede funcionar como un antídoto para olvidar al bebé que acaban de perder: “simplemente creo que un niño nos podría ayudar a superar esto, tendríamos una razón para luchar…”. Aunque también lo ve como algo que le dé sentido a su matrimonio, para arreglar unos problemas. Razones que su mismo padre manifiesta cuando afirma que “si lo que quieres es tener un hijo… búscate otra vieja, todavía estás muy joven para rehacer tu vida…”.
En la misma película, una pareja del  mismo sexo se plantea la posibilidad de adoptar al niño: “…pero tampoco es nuestra responsabilidad, nada más eso faltaba… qué pasa si la mamá se hace la desentendida… yo pensé que ese tema ya estaba cerrado” le dice Chema a Jean Paul. No obstante, luego de compartir con el niño se encariñan con él y desean estar con él. El niño vino a formar parte de la vida de estas personas intempestivamente, tal como lo que expone Gallego (2009)[1] al hablar de que la posibilidad de ejercer la parentalidad en parejas homoparentales se da en muchos casos al recibir en su hogar “niños que les son cedidos u obsequiados” por familiares cercanos.

En otra película, la protagonista comienza relatando lo siguiente: “casi todos los bebés son accidentes… yo no… yo fui diseñada… nací para salvar la vida de mi hermana”, estas primeras palabras de la película My sister´s keeper dirigida por Nick Cassavetes, nos lleva nuevamente a la pregunta: ¿qué es un hijo?, ¿para qué es un hijo?

¿Qué tienen en común las concepciones del hijo que acabamos de vislumbrar en los casos de las dos películas?... pareciera que el hijo se ve como un medio para obtener un fin: olvidar al bebé, solucionar un problema de pareja, tener un afecto, ser un donante de órganos… en todos estos casos se centra la atención en las necesidades de los padres, no en las del niño.

Además de la forma familiar y la dinámica interna, el hijo puede adquirir diversos significados, por ejemplo, “en la sociedad preindustrial se necesitaba a los hijos primeramente por razones económicas: como fuerza de trabajo en la casa y en la granja, como seguro de vejez para los padres, como herederos de los bienes y del nombre. Para las capas acomodadas, los hijos tenían un significado claramente económico, predeterminado por la sucesión intestada y las normas sobre las dotes.”[2]

Ahora, explican Beck & Beck-Gernsheim (2001) los hijos tienen una función de beneficio psicológico, en torno a las necesidades emocionales de los padres, como la esperanza de salvación del matrimonio, de ver realizados en los hijos los sueños que ellos no pudieron alcanzar o como la razón de la felicidad y un motivo por el cual vivir…en palabras de Bauman, “los hijos son ante todo y fundamentalmente, un objeto de consumo emocional”[3] (Bauman, 2008, p. 63).

           A su vez, Tubert (2004), lo expresa de esta manera: pareciera que “la búsqueda del niño a cualquier precio se justifica habitualmente en función del deseo del hijo, consigna mágica que parece legitimarlo todo”[4], se justificaría entonces, hacer cualquier cosa por un deseo individual de una pareja, de un hombre o de una mujer.




[1] Gallego Montes, Gabriel. Diversidad sexual y arreglos domésticos en México. En: Revista Latinoamericana de Estudios de Familia.  Vol. 1, enero - diciembre, 2009. P. 91.
[2] Beck, U., & Beck-Gernsheim, E. El normal caos del amor. Las nuevas formas de relación amorosa. Barcelona: Paidós Ibérica, 2001. P. 147.
[3] Bauman, Z. Amor líquido. Buenos Aires: Fondo de cultura económica. P. 63, 2004
[4] Tubert, S.. La maternidad en el discurso de las nuevas tecnologías reproductivas. P. 126 En: De la Concha, Angeles & Osborne, Raquel. Las mujeres y los niños primero. Barcelona: Icaria, 2004.