jueves, 22 de enero de 2015

Relaciones de éxtasis o sólidas


Alfonso López Quintás en su libro El Secreto de una vida lograda, habla de los procesos que pueden seguir las relaciones amorosas: uno de ellos lo denomina de vértigo y que se puede identificar fácilmente con las relaciones líquidas y el otro proceso lo denomina de éxtasis. Para este autor, el primer proceso empieza con el egoísmo y termina en destrucción, mientras el segundo comienza con la generosidad y termina con la felicidad o paz.

Es importante apuntar aquí que por lo general toda relación amorosa comienza con cierto egoísmo, pues cuando se comienza a salir en pareja, cada uno de los miembros de esta, tratará de atraer a la otra, para lo que mostrará lo mejor de sí y la otra persona percibirá más aspectos positivos que negativos. De esta forma, cada una de estas personas espera recibir de la otra algo que considera atractivo y por lo tanto bueno. Pero esta es la primera fase del proceso de enamoramiento, en la que todavía no hay un conocimiento más profundo de la  otra persona y por lo tanto, se puede entender el cierto egoísmo del que hablo. No obstante, esta fase tiene que dar lugar a otra en la que la aceptación de la persona como tal es lo principal, y ahí sí que entra a jugar la generosidad, pues reconociendo las propias y ajenas limitaciones se decidirá por pensar más en la felicidad de la otra que en la supuesta felicidad propia.

Aunque no me voy a detener más en la explicación que da este autor, para cada uno de los procesos, sí quisiera apuntar que una de las claves para identificar si una relación amorosa es sólida o no, es si produce paz. Decir que se está en paz o no, parece no ser sencillo, sin embargo, todos hemos tenido la experiencia de percibir este estado en cada uno de nosotros. Por lo general, una persona no se siente en paz cuando hace algo que cree que no debería haber hecho, y por lo tanto, siente un vacío o una desazón interior. Pero lo grave de esta situación no es el hecho de hacer algo que merezca una calificación negativa, pues todos nos podemos equivocar, sino la impotencia de no saber qué hacer o de no ser capaz de hacer lo que sabe que debería hacer. Es por esto, que este estado puede generar aburrimiento, limitación personal, sentimiento de inseguridad, deseos de escape.

La paz en cambio se identifica con un sentimiento de seguridad propio de un mejor ejercicio de la libertad, en el que la persona siente que está creciendo cada vez más como persona y no solo eso, sino que siente que la otra persona también está mejorando. La paz, la da entonces una relación en la que se trate a la pareja y a uno mismo, con la dignidad propia de ser persona, sin ningún tipo de asomo de cosificación o utilización del otro en beneficio propio.

* Extracto del artículo Noviazgos líquidos, publicado en la revista Apuntes de Familia en diciembre de 2013

sábado, 17 de enero de 2015

Relaciones líquidas

Cuando le pregunté a mi alumna que por qué no había ido a la clase anterior, me contestó:
Profe, es que… venga yo le cuento: es que en este momento tengo un novio y los dos estamos en la clase suya, pero es que peleamos  y no me quiero encontrar con él… lo que pasa es que él y yo como que empezamos mal porque él tenía novia, y yo novio, pero nos conocimos y comenzamos la relación sin haberle terminado antes a la otra persona.. y es que él es muy celoso y…”.

En este caso, esta alumna estaba a punto de perder la materia por fallas, no porque no entendiera lo que yo explicaba, sino por cuestiones afectivas. Esta situación nos conduce a pensar en el futuro de esta pareja de jóvenes de 20 años.

Parece que estamos acostumbrados a planear muchas cosas, nos demoramos años en prepararnos para ejercer una profesión, pero en cambio para el matrimonio… y hablo de matrimonio, porque la mejor escuela para este es el noviazgo, casi que se podría predecir cómo será un matrimonio de una pareja por la forma como viven su noviazgo.

Relaciones líquidas

Pero antes de hablar del noviazgo como tal, quisiera centrarme un poco en las relaciones de pareja actuales. Leyendo un estudio acerca de las relaciones por internet[1], me llamó la atención la opinión de uno de los participantes en la investigación:

  “En cuestión de minutos conoces a alguien y si no te interesa, aprietas un botón y sustituyes su compañía por otra. Y así hasta dar con esa persona capaz de hacer desaparecer las agujas del reloj”.

“En lo referente a los costes asociados, estos están muy por debajo de los tradicionales (no hay que pagar consumiciones ni entradas, ni gastar perfume, ni vestidos para la ocasión, no hay taxis, no hay restaurantes, etc.)”.

Este usuario de internet pareciera estar hablando de un producto del que está interesado en adquirir. A este respecto, un sociólogo explica que en la denominada por él modernidad líquida,  “los vínculos y las asociaciones tienden a ser visualizados y tratados como objetos a ser consumidos, no producidos; están sujetos a los mismos criterios de evaluación de todos los demás objetos de consumo. En el mercado consumista, los productos ostensiblemente duraderos son por regla general ofrecidos por un ´periodo de prueba´”[2]

Este periodo de prueba al que hace referencia Bauman es la tan comúnmente practicada por muchos jóvenes cohabitación o el irse a vivir juntos, situación que Bauman ubica en el mercado consumista. Tan es así que se piensa en la relación en términos del propio beneficio, pues en la medida en que la relación reporte beneficios personales, entonces vale la pena vivirla, mientras que si hay algo que se convierte en un impedimento para la propia realización o algo que no reporta beneficios entonces más bien se sustituye por otra compañía. Es por esto que en la modernidad líquida, el valor de la relación y por lo tanto de la persona, está dictaminado por la capacidad que tenga esta de darme más satisfacciones.

* Extracto del artículo Noviazgos líquidos, publicado en la revista Apuntes de Familia en diciembre de 2013



[1] Ardevol E. (2005). Catálogo de sueños: Las relaciones personales en internet como producto de consumo. Comunicación presentada al sexto seminario electrónico de la Red de Antropología de los Medios.
[2] Bauman, Z. (2004). Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina. P. 173.

viernes, 9 de enero de 2015

La angustia de vivir una vida líquida

¡yo soy adicto al trabajo! Fue la expresión que utilizó uno de mis estudiantes al presentarse a los demás en uno de los cursos a los que estaba dictando clase. Y aunque este alumno no se enorgullecía de esa situación, sí reconocía que era algo que le gustaba. Situación que me recuerda un artículo de Aceprensa publicado el 20 de junio de 2014, en el que el autor hace referencia a un libro escrito por Brigid Schulte en el que analiza la denominada por ella “epidemia nacional de estrés”, en la que los jóvenes trabajadores que se quejan de no tener un solo minuto, lo hacen como una forma de elogiarse a sí mismos y ante los demás como una forma a su vez, de tener un mayor status.

Tal parece entonces que la vida en la sociedad actual es una vida ajetreada, intranquila, agitada, cansada… o como le dice Libertad a Mafalda en una de las tiras cómicas de Quino, es la “normalidad” en la que estamos sumidos y como normal, lo mejor es asumirlo como algo contra lo que no se puede luchar o tratar de cambiar…


La metáfora utilizada por el sociólogo polaco Zygmunt Bauman para referirse a la modernidad como si se tratara de un fluido, me parece muy apropiada para explicar la forma como estamos viviendo.

Dentro de las propiedades de los fluidos analizadas por Bauman, hay una que me parece necesaria para analizar el tema que estamos tratando, y es la imposibilidad de los fluidos de permanecer estables, que hablando de la sociedad se puede comparar con la imposibilidad de contar con referente que perdure tal cual es, independientemente del tiempo y lugar. Es decir, que no se moldee al recipiente que lo contiene o a la ideología predominante en el tiempo actual.

La sociedad líquida no es que no tenga referentes, claro que sí los tiene, pero son inestables, poco duraderos, tal como los presentados por los medios de comunicación, tales como la moda en el vestuario, deporte, ideologías, cantantes, actores y todo aquello que tenga carácter de ser imitado o consumido.  Una de las características de estos referentes es que se tienen que renovar en cuanto ya no me sean útiles o haya aparecido uno que me de una identidad más nueva o más actual, una identidad más acorde a lo que esperan los demás pares o personas que están evaluando constantemente mi posición en la sociedad líquida.

Sin embargo es probable que comprometerse con un sólido y ser coherente con él sea una tarea que el habitante de una sociedad líquida no esté dispuesta a asumir y prefiera conformarse con la inestabilidad propuesta por “las tentadoras ofertas alternativas de autoridad (la notoriedad –en lugar de la regulación normativa-, las celebridades efímeras y los ídolos del momento, los igualmente volátiles temas de conversación de moda, sacados del silencia y la oscuridad más absolutos por un reflector o un micrófono en manos de un reportero televisivo, y que desaparecen del candelero y de los titulares con la misma rapidez fulminante) hacen las veces de señales de tráfico móviles en un mundo desprovisto de otras que sean permantes” (Bauman, 2006, p. 46).

Esta ausencia de referentes “sólidos”, produce en las personas un estado de incertidumbre en el que la búsqueda de referentes se convierte en una situación angustiante, tal como le expresaba el autor Vásquez Rocca (2008) en su artículo  al hablar de los efectos de la ausencia de referentes en una modernidad líquida. Por el contrario, el resultado de tener sólidos, es una situación en la que la persona se siente en paz, porque sabe para dónde se dirigen sus acciones


Por lo tanto, algunas de las preguntas clave que nos podemos hacer cada uno de nosotros son: ¿cuál es el sólido que guía mis acciones?, ¿realmente es un sólido o se me está derritiendo por el contacto con los fluidos que pululan en la sociedad líquida?

Artículo publicado en el periódico Campus de la Universidad de La Sabana el 12 de diciembre de 2014