Que fluya el amor… los retos del amor conyugal en la vida líquida
Es probable que hayas oído
historias de parejas que después de varios años juntas, se separan, se
divorcian… y que también en medio de esas situaciones hayas oído voces que
dicen “tienen derecho a rehacer su vida, a ser feliz, a buscar una persona que
las valore, no tiene por qué seguir aguantándose eso”…
Las estadísticas no dicen menos.
Según datos de la SuperIntendencia de Notariado y Registro, “entre enero y mayo
del 2015 se registraron 7.721 divorcios en el país, lo que representa un
aumento del 11,22 por ciento respecto al mismo periodo año anterior, en el que
se presentaron 6.942 actos” (El Tiempo, 2015). Además, el 35% de los adultos en
Colombia, en edad reproductiva cohabitan, en comparación con el 20% que se
casan (Mapa Mundial de la Familia, 2014).
Al parecer no está muy de moda el
amor conyugal... por lo menos en la sociedad líquida.
Bauman, al hablar de los diferentes
tipos de relaciones, en su prólogo de Amor líquido, comenta lo siguiente:
A diferencia de las relaciones a la antigua (por no hablar de las
relaciones “comprometidas”, y menos aún de los compromisos a largo plazo),
parecen estar hechas a la medida del entorno de la moderna vida líquida, en la
que se supone y espera que las “posibilidades románticas” (y no solo las
“románticas”), fluctúen cada vez con mayor velocidad entre multitudes que no
decrecen, desalojándose entre sí con la promesa de “ser más gratificante y
satisfactoria” que las anteriores. A diferencia de las “verdaderas relaciones”,
las “relaciones virtuales” son de fácil acceso y salida. Parecen sensatas e
higiénicas, fáciles de usar y amistosas con el usuario, cuando se las compara
con la “cosa real”, pesada, lenta, inerte y complicada. (p. 13)
Y es que para la sociedad líquida,
una relación duradera, estable, comprometida, se hace pesada, lenta, inerte y complicada, ya que en la vida líquida no
permitiría el fluir de las tendencias de
la moda, el fluir de muchos de los productos propuestos por el consumismo, el
fluir de los referentes… el fluir de otros gastos de abogado, de psicólogo, de
vivienda, de carro… y hasta de otro tipo de bienes como los recursos
ambientales[1].
En fin, el amor para siempre se encuentra bajo unos retos que es necesario advertirlos,
pues de lo contrario, las parejas se pueden ir derritiendo al sumergirse en la
sociedad líquida y no darse cuenta de las consecuencias que esto puede acarrear
para sus vidas.
Uno de los retos más grandes que
tiene una de estas “raras” parejas, es precisamente el mantenerse estable, y
por lo tanto, ser un referente de amor incondicional para las generaciones
futuras, para la sociedad líquida… una
antítesis de la utilización de la persona como medio.
Otro de los retos a los que se
enfrentan aquellos “osados” que pretenden vivir un amor para siempre es
demostrar seguridad sin necesidad de ejercer ningún tipo de control externo
sobre la otra persona, es decir, sin necesidad de mecanismos legales,
económicos o morales que “den la seguridad” de que esa persona se va a “portar
bien”.
Pensar en el otro antes que en sí
mismo, en medio de una sociedad líquida, es otro de los retos de esta “aventurada”
pareja, en la que el individualismo reina con toda la fuerza por medio de
mensajes de cualquier tipo, los medios de comunicación, las empresas… y hasta
la misma familia.
Otro reto más de esta “loca”
pareja: tener un status socio-económico acorde a la situación propia de ellos
mismos y no al que la sociedad le impulsa que tenga. Reto que se manifiesta en
la tentación de adquirir ciertos productos y servicios por medio del
endeudamiento la más de las veces, para poder hacer parte de las demás “parejas
líquidas”.
Parece que se puede hablar de otro
reto más… que espero que sea el último al que se enfrente esta “inadaptada”
pareja. La adquisición de una identidad para el otro, identidad proporcionada
por la valía de cada miembro de la pareja en cuanto utilidad. Identidad que va
a fluctuar de acuerdo a lo que la otra persona esté esperando en cada momento.
Estos retos a los que se enfrenta
la pareja en contacto con la sociedad líquida, pareja que muchas veces se
sentirá rara, osada, aventurada, loca e inadaptada, va a lograr vivir sin
angustias y en paz, ventaja bastante anhelada por el individuo líquido. Y si
persiste en su solidez, también contagiará a las demás parejas de las locuras
del amor para siempre.
[1] En
una investigación realizada por la Universidad de Michigan, Jack Liu y Eunice Yu encontraron que sólo en 2005 en los
Estados Unidos podrían haberse ahorrado aproximadamente 73.000 millones de
kilovatios-hora de electricidad y 627.000 millones de galones de agua si el
rendimiento de los recursos en los hogares resultantes de los divorcios se
hubieran mantenido en los mismos niveles que tenían cuando eran núcleos
familiares basados en el matrimonio.