lunes, 23 de mayo de 2016

Que fluya el amor… los retos del amor conyugal en la vida líquida



Que fluya el amor… los retos del amor conyugal en la vida líquida



Es probable que hayas oído historias de parejas que después de varios años juntas, se separan, se divorcian… y que también en medio de esas situaciones hayas oído voces que dicen “tienen derecho a rehacer su vida, a ser feliz, a buscar una persona que las valore, no tiene por qué seguir aguantándose eso”…


Las estadísticas no dicen menos. Según datos de la SuperIntendencia de Notariado y Registro, “entre enero y mayo del 2015 se registraron 7.721 divorcios en el país, lo que representa un aumento del 11,22 por ciento respecto al mismo periodo año anterior, en el que se presentaron 6.942 actos” (El Tiempo, 2015). Además, el 35% de los adultos en Colombia, en edad reproductiva cohabitan, en comparación con el 20% que se casan (Mapa Mundial de la Familia, 2014).


Al parecer no está muy de moda el amor conyugal... por lo menos en la sociedad líquida.


Bauman, al hablar de los diferentes tipos de relaciones, en su prólogo de Amor líquido, comenta lo siguiente:

A diferencia de las relaciones a la antigua (por no hablar de las relaciones “comprometidas”, y menos aún de los compromisos a largo plazo), parecen estar hechas a la medida del entorno de la moderna vida líquida, en la que se supone y espera que las “posibilidades románticas” (y no solo las “románticas”), fluctúen cada vez con mayor velocidad entre multitudes que no decrecen, desalojándose entre sí con la promesa de “ser más gratificante y satisfactoria” que las anteriores. A diferencia de las “verdaderas relaciones”, las “relaciones virtuales” son de fácil acceso y salida. Parecen sensatas e higiénicas, fáciles de usar y amistosas con el usuario, cuando se las compara con la “cosa real”, pesada, lenta, inerte y complicada. (p. 13)


Y es que para la sociedad líquida, una relación duradera, estable, comprometida, se hace pesada, lenta, inerte y complicada, ya que en la vida líquida no permitiría el fluir de las  tendencias de la moda, el fluir de muchos de los productos propuestos por el consumismo, el fluir de los referentes… el fluir de otros gastos de abogado, de psicólogo, de vivienda, de carro… y hasta de otro tipo de bienes como los recursos ambientales[1]. En fin, el amor para siempre se encuentra bajo unos retos que es necesario advertirlos, pues de lo contrario, las parejas se pueden ir derritiendo al sumergirse en la sociedad líquida y no darse cuenta de las consecuencias que esto puede acarrear para sus vidas.


Uno de los retos más grandes que tiene una de estas “raras” parejas, es precisamente el mantenerse estable, y por lo tanto, ser un referente de amor incondicional para las generaciones futuras, para la sociedad líquida… una antítesis de la utilización de la persona como medio.


Otro de los retos a los que se enfrentan aquellos “osados” que pretenden vivir un amor para siempre es demostrar seguridad sin necesidad de ejercer ningún tipo de control externo sobre la otra persona, es decir, sin necesidad de mecanismos legales, económicos o morales que “den la seguridad” de que esa persona se va a “portar bien”.

Pensar en el otro antes que en sí mismo, en medio de una sociedad líquida, es otro de los retos de esta “aventurada” pareja, en la que el individualismo reina con toda la fuerza por medio de mensajes de cualquier tipo, los medios de comunicación, las empresas… y hasta la misma familia.


Otro reto más de esta “loca” pareja: tener un status socio-económico acorde a la situación propia de ellos mismos y no al que la sociedad le impulsa que tenga. Reto que se manifiesta en la tentación de adquirir ciertos productos y servicios por medio del endeudamiento la más de las veces, para poder hacer parte de las demás “parejas líquidas”.


Parece que se puede hablar de otro reto más… que espero que sea el último al que se enfrente esta “inadaptada” pareja. La adquisición de una identidad para el otro, identidad proporcionada por la valía de cada miembro de la pareja en cuanto utilidad. Identidad que va a fluctuar de acuerdo a lo que la otra persona esté esperando en cada momento.

Estos retos a los que se enfrenta la pareja en contacto con la sociedad líquida, pareja que muchas veces se sentirá rara, osada, aventurada, loca e inadaptada, va a lograr vivir sin angustias y en paz, ventaja bastante anhelada por el individuo líquido. Y si persiste en su solidez, también contagiará a las demás parejas de las locuras del amor para siempre.










[1] En una investigación realizada por la Universidad de Michigan, Jack Liu y Eunice Yu encontraron que sólo en 2005 en los Estados Unidos podrían haberse ahorrado aproximadamente 73.000 millones de kilovatios-hora de electricidad y 627.000 millones de galones de agua si el rendimiento de los recursos en los hogares resultantes de los divorcios se hubieran mantenido en los mismos niveles que tenían cuando eran núcleos familiares basados en el matrimonio.

lunes, 16 de mayo de 2016

Que fluya el amor (I)

Que fluya el amor…

Se suele entender que una relación de pareja está mediada por el amor, sin embargo, el amor en la sociedad líquida parece estar sometido a varios criterios como que hacen imposible las relaciones duraderas y estables.

Con respecto a una sociedad líquida en la que las personas viven un individualismo rampante y se buscan unas a otras en cuanto haya utilidad de por medio, el amor es la solución, ya que es “la única antítesis de la utilización de la persona en cuanto medio o instrumento de nuestra propia acción” (Wojtyla, 2008, pág. 36), es decir, el amor es la actitud que me permite ver en el otro algo más que un objeto de beneficio. Humberto Maturana expresa a su vez que el amor “es la palabra que usamos en la vida cotidiana para hacer referencia a la aceptación del otro o de lo otro como un legítimo otro en la convivencia” (1998, p. 73).
Es decir, si queremos vivir mejor en sociedad, debemos amarnos, esta es la mejor manera de relacionarnos unos a otros. No obstante, muchas personas pensarán que eso es lógico, que hay que amarse, que eso ya lo sabemos desde hace tiempo… pero se entiende ¿qué es el amor?, ¿es acompañamiento?, ¿satisfacción?, ¿gratificación?, ¿deseo?, ¿un sentimiento?

Muchas personas aseguran que entienden el amor, es más, no ven necesario formarse en este tema ya que lo ven tan trivial, que solo basta poner el sentimiento y… ¡ya está! Sin embargo, muchos de estas personas tienen bastantes dificultades con los demás y se frustran porque no son amados o les reclaman un amor que no surge…
Es muy probable que no sepamos amar… y eso, porque los mecanismos de poder que pretenden promover una sociedad líquida, no están interesados en que lo hagamos, ya que se perdería la esencia misma de la sociedad líquida (el individualismo que permite que fluya el mercado). Pero bueno, este es otro tema, que retomaré en otra ocasión.

Volvamos al tema del amor… me gusta muchísimo la definición de amor que utiliza Tomás Melendo “Querer el bien del otro en cuanto otro”, Melendo toma a su vez lo que Artistóteles expresaba en Retórica: “sea amor el querer para alguien aquello que se cree bueno, por causa de aquel y no de uno mismo, y sentirse además inclinado a realizarlo según las propias posibilidades” (Aristóteles en Retórica).
Siendo muy atrevido, me gusta agregarle a la definición de Melendo una palabra a la que hace también referencia Aristóteles. Amar es “Querer y realizar el bien del otro en cuanto otro”. Este “realizar”, aunque Melendo lo deja entredicho, lo pongo por cuestiones de estructura mental propia… (recuerda que soy ingeniero).

Me parece muy adecuado comenzar por la diferencia entre el deseo y el amor, que hace Bauman: “Si el deseo ansía consumir, el amor ansía poseer. En cuanto la satisfacción del deseo es colindante con la aniquilación de su objeto, el amor crece con sus adquisiciones y se satisface con su durabilidad. Si el deseo es autodestructivo, el amor se autoperpetúa” (Bauman, 2005, p. 25).
Desear algo es tener ansias de consumirlo y cuando se consume algo, cada vez es menos eso que era, cada vez se hace más parte de sí mismo, pero al punto de anularse. La persona deseada se siente menos dueña de sí misma, menos ella misma, se siente que para obtener la atención del otro, es necesario darle lo que este le pida, sin pensar en que puede estar perdiendo su identidad.
Es por esto, que Bauman habla de aniquilación, pues la persona es deseada en la medida en que tiene algo deseable, pero con el tiempo de ser consumida, ya no le queda nada que ofrecer y se desecha como cualquier objeto consumido….


De ahí la expresión de mi exalumna: “...me sentía anulada”.