lunes, 30 de noviembre de 2015

Educando en la competencia o en el reconocimiento del otro…



Hace un tiempo que vi el documental “La educación prohibida”, el cual trata sobre el papel de la institución educativa en un sistema consumista. En una de las escenas, un experto comentaba lo siguiente: “Todos hablan de paz, pero nadie educa para la paz… En el mundo educan para la competencia, y la competencia es el comienzo de cualquier guerra” y es que la competencia como bien lo dice Humberto Maturana es “constitutivamente la negación del otro, porque involucra un fenómeno en el que el éxito de uno se funda en el fracaso del otro” (Maturana, 2002, p. 76). Es decir, para que alguien gane, tiene que haber un perdedor, para que alguien sea el primero, tiene que haber uno que sea el segundo…
Me podrá expresar alguno: bueno, pero en este mundo se necesita la competencia para que se mejoren muchas cosas, para que la gente no se conforme con lo que tiene o con lo que es… o bien, en este mundo se requiere ser competitivo, porque si no, se lo devora la sociedad. Puedo entender esas argumentaciones, pero prefiero hablar de una competencia consigo mismo, en la que cada uno trata de ser lo mejor que puede ser, libremente, sin la presión de los demás… tal como lo explicaba Nick Vujicic en una entrevista “ahora me doy cuenta de que no tengo que ser como cualquier otra persona.  La verdad es que mi valor no se determina sobre cómo me veo, o lo inteligente que soy, o la cantidad de amigos que tengo. Tengo que ser el mejor que puedo ser”… de lo contrario estaremos educando para una sociedad líquida
Y por qué para una sociedad líquida?, porque de acuerdo con los estándares propuestos por esta, la persona termina convirtiéndose en un objeto útil al sistema, en el que se debe asegurar su utilidad por cualquier medio, con la consecuencia de evaluar al otro en cuanto al beneficio recibido por él… este panorama conduce a una sociedad totalmente indiferente a las necesidades del otro.
Tal como se presenta en la imagen, las personas en una sociedad líquida no tienen necesidad de mirar al que tienen al lado -cada uno está inmerso en su mundo, muchas veces irreal-, pues solo se fijarán en los otros para referenciarse, para saber cómo están ellos con respecto a los demás y de esta manera obtener un valor líquido.


La forma como estamos educando a nuestros niños promueve una sociedad líquida?, es algo digno de reflexión…, por eso afirma un sociólogo español, que en la sociedad actual (y podríamos decir sociedad líquida) “se educa para triunfar y triunfo es sinónimo de beneficio más que de servicio” (Pérez Adán, 2005, p.59)... qué opinas?, estás de acuerdo con esa afirmación?, si se educa para triunfar, estaremos educando para una sociedad líquida?, cómo se puede educar en el servicio?

lunes, 16 de noviembre de 2015

A propósito de los sucesos en París...

Arde París.
Tomado de la página de Fray Nelson Medina "amigos en la fe":
El título de la famosa obra de Collins & Lapierre, aunque esta vez sin el interrogante, es el resumen de una serie trágica de atentados que dejan un saldo de decenas de muertos. Escribo esto en medio de la consternación propia del 13 de noviembre de 2015.
El presidente Hollande ha ordenado cierre de fronteras y para todos los efectos el pueblo francés experimenta el dolor y angustia propios de una situación de guerra. Pero en la novela histórica de 1964 el enemigo era claro, visible y externo: los nazis. Ahora, en cambio, una sociedad pulverizada ha descubierto con un golpe de terror que no sabe bien ni quiénes son sus enemigos ni cuáles podrían ser sus amigos de fiar. Resulta que los "valores" no subsisten por sí mismos, ni por la sola inercia cultural, si no están anclados firmemente en algo más profundo y estructurado: un credo común. Duélale a quien le duela, y llámenme fanático religioso si les place, el hecho es que los enemigos, bien infiltrados y presentes en las entrañas mismas de Europa, se reconocen entre sí al grito de "¡Alá es grande!" Frente a ellos, la mayor parte de los actuales europeos no tienen nada que gritar porque la única consigna posible sería "¡Viva Cristo Rey!" y ese es un grito malsonante para el laicismo que campea por la Europa otrora cristiana.
¿Te acuerdas de las marchas de jefes de estado por las calles de París, queriendo traer sensatez frente a los ataques terroristas contra la revista Charlie Hebdo? ¿Y te acuerdas que la gente creía que en una manifestación tan colosal quedaba claro que la sociedad estaba unida contra el mensaje fundamentalista? Lo que demuestran estos nuevos ataques es que el vigor para gritar un robusto "¡NO!" de nada vale si no esta apoyado en el vigor mayor de un poderoso "¡SÍ!" Decirle NO a un atentado nada garantiza sobre la coherencia de una sociedad para construir su futuro. El SÍ brota jubiloso de la fe; mientras que el NO sale, pero ya ronco, del miedo. Una sociedad sin alma, sin fe, sabe gritar el NO pero, cuando los ecos de la marcha se extinguen, nadie sabe qué paso sigue ni cuál es la ruta. Tristemente hay otros que sí creen saberlo: los mismos que nunca han renunciado a conquistar para su credo a saa Europa que en el fondo envidian tanto como rechazan.
(...)
Antes de que sea tarde, ¡de por Dios, escúchenme! O mejor: escuchen esto que tantos llevamos diciendo por tanto tiempo: ESTAMOS EN COMBATE ESPIRITUAL. Preparen a sus hijos para defender su fe y sus convicciones; prepárenlos para no ceder ante la presión de leyes inicuas contra la familia y contra la libertad religiosa; prepárenlos para no dejarse confundir por obispos o cardenales arrodillados ante las propuestas de este mundo; prepárenlos para ser minoría... pero no una minoría acomplejada y asustadiza sino bien consciente de ser fermento y sal de la tierra. Nuestras comunidades de fe muy pronto tendrán que adoptar la lógica y el lenguaje de los cuarteles de guerra: desde la oración, la formación sólida, el cultivo de la virtud firme... y en alguna ocasión, la fuerza misma de las armas, ante todo, en defensa propia. Date una vuelta por París esta noche, y me dices si estoy exagerando.
Fr. Nelson M.
Cuando leí este escrito de Fray Nelson, pensé inmediatamente en qué pasa con los sólidos en una sociedad líquida?... pues parece que han sido expulsados, derretidos, oxidados, desintegrados.
Qué es un sólido entonces? Si un líquido (como hemos visto antes) fluye, es cambiante, no perdura, se amolda al recipiente (ideología actual) que lo contiene; el sólido por el contrario es permanente, no cambia, no se acomoda a las ideologías actuales, sino que tiene una fuerza que propone y guía el comportamiento de las personas en cualquier época o lugar a una mejor convivencia entre todos, es decir, los mayores sólidos son aquellos que promueven el amor.
Que los sólidos reprimen a las personas?, no las dejan ser ellas mismas?... depende de por qué los sigan o los tengan. Si se tiene un sólido impuesto y no se ha decidido asumirlo, con seguridad se sentirá así. Pero si después de conocer el sólido y entenderlo, se decide obtenerlo, el resultado será una paz personal que ninguna circunstancia podrá arrebatar.