domingo, 17 de mayo de 2015

Mi referente, ¿es un sólido o un líquido?


Hace unos días, tuve la desafortunada experiencia de darme cuenta de varios fraudes que cometieron unos alumnos en mi clase. Algunos dirían que son pequeñas transgresiones que no tienen importancia… como poner el nombre del compañero en el trabajo en el que no participó o hacer una evaluación con el nombre de otra persona, porque esta estaba cansada y se fue temprano de la clase. ¿Son cosas sin importancia?, ¿que no valen la pena?, ¿que no tiene sentido cuestionarse sobre eso pues hay cosas mucho más importantes por las que preocuparse?, al fin y al cabo esa evaluación equivalía a un 5% de la nota de la asignatura…

También he tenido la oportunidad de conversar con varios alumnos a los que les doy clase en la universidad sobre su vida, hablamos sobre sus metas, su familia, sus relaciones, sus valores. Hablamos sobre cada una de sus dimensiones personales (física, intelectual, espiritual, social y afectiva). Curiosamente o no tan curiosamente, me he encontrado con que muchos cuando se refieren a su dimensión espiritual, inmediatamente explican que viven su religión a su manera. ¿Cómo así que a su manera?, pues si, toman lo que les conviene de acuerdo al momento que están viviendo…

En la siguiente tira cómica de Mafalda, esta sostiene un diálogo con Manolito bien interesante:



“En un mundo de corte empresarial y práctico como éste –un mundo en el que se busca el beneficio inmediato, la gestión controlada de la crisis y la limitación de daños-, todo aquello que no pueda demostrar su valía instrumental es <<un tanto arriesgado>>” (Bauman, 2006, p. 42). Y es que los valores morales, espirituales, artísticos y humanos, como añora Mafalda, aquellos que contribuyen a la mejora del desarrollo personal y por ende a su felicidad, no suman a las cifras de competitividad y “éxito” profesional y laboral del individuo líquido.

De ahí que en una sociedad líquida, los valores y todo aquello que pretenda tener cualidad de referente, sea acomodado caprichosamente por cada individuo, según lo que más le convenga para su propósito líquido (ganar más dinero, tener más status, “ser alguien”, etc.). Las consecuencias de adoptar los valores líquidos, por tanto, no podrán verse obstaculizados por especulaciones morales provenientes del contacto con los demás individuos.

Los referentes líquidos no dejan de ser eso, líquidos. El individuo líquido, como todos los demás seres humanos, requiere referentes para no vivir en la angustia ni incertidumbre completas.

Pero ¿qué pasa con esos referentes?... me gusta hacer la siguiente analogía: el individuo líquido necesita referentes y para eso, coge el líquido y lo solidifica a su manera, tal como haría con un hielo proveniente de congelar el líquido en un molde determinado, cada uno de acuerdo al gusto y necesidad de cada cual. De esta manera, el individuo líquido tendrá su referente “sólido”.

No obstante, al contacto con la sociedad líquida, aquel “sólido” (hielo), se derretirá, con la consecuencia de tener que buscar un nuevo referente que tome el lugar del anterior hielo, esta vez, solidificado probablemente con otro molde…  ¿el resultado? una insaciable necesidad de construirse a sí mismo sin un fin determinado.

¿Cómo es tu referente?, ¿es un verdadero sólido o es un líquido solidificado?, ¿entonces cuáles son los sólidos?… esto es un tema que amerita una reflexión que espero abordar en otra ocasión.